EL ODIO

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EL ODIO

Lo que abuelos y padres quisieron desterrar,de una vez por todas, como la peor pesadilla de sus vidas causante de las mayores desgracias, parecen algunos nietos empeñados ahora en resucitar y extender. El odio político ha regresado y ha clavado sus feas garras en la sociedad española. Los indicios se han convertido en una obscena y continuada exhibición y los síntomas de la invasiva fiebre son ya imposibles de ocultar. Con ello, y para nuestra desgracia, se ha comenzado a destruir el pilar fundamental de lo que fue nuestra reconquista de las libertades, de nuestra democracia y de nuestra Constitución: la reconciliación entre los españoles. El intento de desprestigiar y hasta envilecer aquel acuerdo y aquel abrazo está consiguiendo sus propósitos. Porque era, para ellos, imprescindible, el hacerlo pues ese era el gran dique de contención. Solo destruyéndolo podían hacer lo que están haciendo: Convertir al odio en argumento y en el mejor instrumento de captación y propaganda.

Poco importa la propuesta, lo que marca y define es el odio al otro, concebido y expuesto como el origen, causa y soporte de todos los males, del mal en si y de todo lo que es dañino, odioso, repulsivo y, por tanto, exterminable, eliminable. Que para conseguirlo se recurra la mentira histórica, a la desmemoria de la transformación de España en estos 40 últimos años, a la deslegitimación total de nuestro sistema y convivencia, eso da igual. “El fin justifica los medios” está impreso en ese código de conducta y de poder. Como ejemplo y para comprender con un botón todo el pantanal un tuit, que es donde suelen exponer su “cuerpo de doctrina” esencial, de uno de sus exponentes máximos: Ramón Espinar, escrito hace apenas dos años: “Somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar, los nietos de los que perdieron la Guerra Civil”.

La afirmación argumentario base de todo futura acción, aunque la mentira corra todas sus patas. La primera es que el escribano de hijo de obrero no tenga ni el olor. Un niño bien, a quien papa presto 60.000 euros para dar un pelotazo inmobiliario ayudado por la influencia y el dedazo, que no ha conocido otra cosa que el vivir del momio, al amparo de un prócer socialista y senador, colocado en altas esferas y uno de los “blak” de Caja Madrid. Pero da igual. La cuestión es la siembra del resentimiento, de la revancha, de la venganza, del odio en suma.

Algo tuvo que ver en ello Zapatero y algo de Bautista tiene de lo que ha acaecido después, aunque ahora se lave las manos ante las consecuencias de lo que volvió a abrir y alentó. Pero la eclosión es en estos momentos cuando se ha producido y se ha desbordado el pus. Es ahora cuando comenzamos a sobrecogernos ante lo que se ha estado larvando y ya asoma fauces y babas por todos los rincones, por los medios de comunicación, por las redes y al fin por las calles, las ciudades, los pueblos y los vecinos. Porque hasta ahí ha llegado. El odio político es ya una realidad en nuestra sociedad, aunque sigamos empeñados en que no es así porque nos da miedo mirarla. Pero ahí está y si no asumimos su presencia no haremos tampoco nada para enfrentarla y conseguir vencerla.

Lo sucedido tras la muerte de Rita Barberá es ante todo una erupción de ese odio. Ello es lo trascendental mas de todas las derivadas que se quieran encontrar y que son muchas y relevantes, la primera la presunción no de inocencia sino de culpabilidad y la condena implacable sin más que se ha establecido en nuestro ecosistema social. Lo que Podemos ha escenificado, porque además lo ha actuado y sobreactuado como contenido de AGITPROP, ha sido el odio y la destrucción de la dignidad de una persona más allá incluso de su muerte. Porque en ese “cuerpo de doctrina” el “otro”, el enemigo no tiene siquiera la consideración de persona, carece por tanto de derechos, carece de humanidad es una sabandija, un ser infecto, un detritus a quien es legitimo y utilizando cualquier medio eliminar. Ni siquiera su cadáver aún caliente merece respeto y aún menos compasión.

Eso es lo que ha eclosionado y es lo esencial. Lo más preocupante también aunque ahora ya toda una ordalía mediática, la misma que ayer puso las alfombras y las mil horas de tv, este tejiendo telarañas para camuflarlo y embarrar la razón, es que el odio no solo está sembrado y bien basureado sino que este es ya en si mismo un instrumento, la razón de ser, el principal referente y la más preciada de las armas a utilizar. Esa constatación ha sido estos días mi mayor sensación de pesar y de tristeza, el sentimiento peor de un fracaso que nos acecha como pueblo y como nación, el retorno del más repulsivo de los escenarios y pasados que uno podía imaginar. Lo escribí el día de la exhibición de su vesania en el Parlamento. Una exhibición en absoluto espontánea sino como parte de una estrategia y una hoja de ruta. Lo reitero ahora. Porque es necesidad y obligación el denunciarlo. Podemos es odio. Y sembrarlo a cada instante y en cada momento que puedan, su objetivo. Y el miedo a ese odio y a su capacidad de destruir y de pisotearnos no puede hacernos callar o transigir. Porque entonces el odio habrá vencido.

Antonio Pérez Henares

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