EL PENÚLTIMO RESPONSABLE

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EL PENÚLTIMO RESPONSABLE

En febrero de 2012, el pobre Arturo Mas no era independentista. Como presidente de la Generalidad, con 62 diputados a las espaldas, vino a pedirle dinero a Mariano Rajoy que, desde hacía dos meses, ocupaba la silla curul de Moncloa. El presidente del Gobierno no le atendió como esperaba el de la Generalidad. ¡Qué error, qué inmenso error! Eran tiempos de profundas dificultades económicas pero el desdén de Rajoy ofendió al líder catalán. Arturo Mas, tras el clamor de la Diada de aquel año, decidió convocar nuevas elecciones autonómicas. Creía el iluso que se encaramaría en la mayoría absoluta y podría así presionar a Madrid con más eficacia. Se equivocó el pobre Arturo Mas y se quedó con 50 diputados, perdiendo 12.

De ahí viene una parte relevante de lo que está ocurriendo. Mas no quería descabalgarse de su montura en el palacio de San Jaime. Así es que cerró una alianza con Oriol Junqueras que le exigió alinearse en las filas de la independencia. Para conservar la presidencia de la Generalidad, Arturo Mas se sometió a las exigencias de ERC y convocó un referéndum que, impugnado por el Gobierno de Rajoy, llegó a celebrarse el 9 de noviembre de 2014.

Convocó de nuevo el presidente elecciones autonómicas, aglutinando a los independentistas en Junts pel Sí. Se quedó en 62 escaños. Los 10 conseguidos por la CUP eran imprescindibles para formar mayoría. Los dirigentes de este grupo vetaron a Mas como presidente y el pobrecillo tuvo que dar un paso atrás. La CUP aceptó apoyar al mequetrefe de Puigdemont, que se convirtió en la marioneta de los antisistema. Con solo 10 diputados manejaron a su antojo la política catalana.

Los dirigentes de la CUP han zarandeado a Puigdemont mientras Junqueras se frotaba las manos porque sabía que la antigua CiU estaba siendo destruida. A la CUP, por cierto, no le importa de forma preferente la independencia de Cataluña. La utiliza como pretexto para desarticular el orden social reinante. Junto con Podemos, quiere liquidar el sistema, salir de Europa y de la Otan, nacionalizar la Banca, los seguros, los bienes de producción y las telecos e implantar una educación única, despellejando a la Iglesia Católica. La ambición, en fin, de Arturo Mas para permanecer en el poder tras su fracaso en las elecciones de 2012 le han convertido en el penúltimo responsable del despropósito que hoy padecen los catalanes.

Luis María Anson ( El Mundo )

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