EL PROBLEMA ES ESPAÑA

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EL PROBLEMA ES ESPAÑA

Después de la Transición, y a la vista de que uno de nuestros demonios familiares, el nacionalismo periférico de raíz identitaria, seguía presente con incansable y creciente virulencia, este género ha seguido boyante, oscilando entre la ingenuidad, el optimismo, el arbitrismo y la lucidez, dependiendo del autor y su circunstancia.

 En estos días agitados en que Cataluña está supuestamente bajo el control del Gobierno central, la cuestión de los males de la patria cobra renovado vigor y, para nuestra desgracia, el diagnóstico es ya tan claro que no admite disimulo ni consuelo: el problema no es la agresividad separatista materializada al fin en un golpe de Estado, el problema es la incapacidad, la debilidad y la impotencia del Estado agredido para hacerle frente. Dicho más sucintamente: el problema no es Cataluña, es la propia España. Si bien andamos muy atareados intentando apagar el foco de un incendio situado en Barcelona, la causa profunda de su devastadora furia está en Madrid. Y no, como cacarean los profesionales del tercerismo pusilánime, por la falta de comprensión hacia los sentimientos de los catalanistas, la deficiente financiación autonómica o el insuficiente nivel de autogobierno, nada de eso.
Es precisamente por todo lo contrario, por haber diseñado una estructura territorial a medida de los deseos de los independentistas, por haberles proporcionado ingentes recursos para difundir su propaganda venenosa, por haber mirado hacia otro lado cuando cometían sus ilegalidades, por haberles entregado las tiernas mentes de nuestros alumnos de primaria y secundaria para que las adoctrinasen en el odio a todo lo español y por haber abandonado a su control los medios de comunicación, por lo que estamos como estamos. Los culpables en el sentido penal del término del caos actual son Carles Puigdemont y sus corifeos, pero los responsables son los sucesivos inquilinos de la Moncloa desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978 hasta hoy.

Nuestra Carta Magna, incluso con todos sus defectos, lagunas e inconsistencias, desarrollada y aplicada por unas élites políticas dotadas de visión a largo plazo, solidez intelectual y moral y coraje cívico, hubiera sido un instrumento suficiente para mantener a raya la insania secesionista. Sin embargo, en manos de una tropilla de mediocres, corruptos y oportunistas de vuelo rasante, ha sido inundada a través de sus múltiples vías de agua que, lejos de ser taponadas por una acción política firme, sostenida y bien orientada, han sido agrandadas y multiplicadas por profesionales del pasteleo carentes del mínimo sentido de la Historia y ayunos de patriotismo. Sin duda, desde esta perspectiva, habrá quien diga que una clase política de altura hubiera redactado una Ley de leyes de mejor calidad y más apropiada para evitar futuros conflictos, y no le faltará razón.

En momentos en los que se supone que la autonomía catalana está tutelada por las instancias centrales del Estado con el fin de recuperar la normalidad institucionaly la legalidad pisoteadas por el putsch separatista, TV3 sigue escupiendo diariamente su sectaria bazofia, la ANC y el Omnium campan por sus respetos y en las aulas no cesa la manipulación de la infancia y la juventud al servicio de la destrucción de la Nación. Sin embargo, la mayor preocupación de Rajoy es que el encarcelamiento de los golpistas no encone la agitación callejera. Como ha sucedido invariablemente a lo largo de las últimas cuatro décadas, los dos grandes partidos nacionales se encuentran a la defensiva y la iniciativa continúa del lado independentista.

Mientras escribo estas líneas piquetes violentos están cortando el tráfico en las carreteras y vías férreas de Cataluña impidiendo a millones de ciudadanos acudir a su trabajo y provocando enormes pérdidas económicas que nos empobrecen a todos. Si el Gobierno central mediante el artículo 155 de la Constitución tiene hasta las elecciones del 21 de Diciembre el mando de los Mossos y hay además once mil policías nacionales y guardias civiles desplegados en esa Comunidad, ¿por qué no actúan con la necesaria contundencia para garantizar las libertades democráticas frente a un reducido grupo de energúmenos? ¿Qué teme Mariano Rajoy? ¿Qué hace que su mano vacile y sus rodillas tiemblen? ¿Qué influencia misteriosa le obliga siempre a la pasividad o a actuar tarde o a medias?

Una nación que no se respeta a sí misma, no será respetada ni dentro ni fuera de sus fronteras. Si nuestros enemigos internos y externos advierten que España ha perdido la seguridad en sí misma y que los encargados de preservar su integridad y su soberanía no poseen la convicción y el coraje necesarios para cumplir con su deber, caerán sobre nosotros como fieras hambrientas. Y aquellos que por su cobardía y su desidia la hayan abandonado a sus garras, cargarán con el eterno oprobio que merecen los traidores.

Alejo Vidal-Quadras ( La Gaceta )

viñeta de Linda Galmor