El pueblo más fiel a Franco

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El pueblo más fiel a Franco: “Que vengan a quitarnos el nombre si tienen narices”.

Prometen salir con pancartas y tractores. Manifestarse en Toledo o en Madrid si hace falta. Moler a palos al que se atreva a acercarse al pueblo a decirles que, en adelante, sus calles ya no se levantarán en honor a Franco. Así es Llanos del Caudillo, un municipio en guerra contra la Ley de la Memoria Histórica que, entre otros, exige la supresión de todos los símbolos y reminiscencias de la dictadura. En España hay al menos once municipios cuyo nombre glorifica al dictador o a uno de sus acólitos. Villafranco del Guadiana, Alcocero de Mola, Bembézar del Caudillo, Queipo de Llano… Hasta la fecha nadie les había obligado a desprenderse de sus ‘apellidos’, pero el abogado Eduardo Ranz se ha propuesto ahora que todos los municipios apliquen la ley a rajatabla. Ya ha denunciado a ocho alcaldes por “delito de incitación al odio” y está en proceso de demandar a los ayuntamientos.

“Que venga aquí ese abogado a quitarnos el nombre si tiene narices. Mientras yo viva esto se va a llamar pueblo de Franco, del Caudillo, porque a un tío que lleva 40 años muerto, ¡que lo dejen ya hombre!”, exclama hecho un basilisco Antolín Díaz, agricultor ya jubilado. El asunto desata pasiones en esta pequeña aldea manchega, la más combativa en contra de la aplicación de la ley. “Si se llama Llanos del Caudillo es porque lo hizo Franco. Cuando los políticos de ahora hagan un pueblo que le pongan su nombre, pero mientras tanto que no se metan con los que hay. Y que conste que no soy franquista ni lo he sido nunca, pero la historia no se puede cambiar”, añade Pablo González, industrial también jubilado.

Los 757 habitantes censados en el municipio son casi todos hijos o nietos de los llamados ‘pioneros’, esas primeras familias que se instalaron en estos terrenos baldíos para iniciar, gracias a la cesión gubernamental, una vida nueva. Igual que ellos, sus descendientes siguen viviendo de la agricultura: sandías, melones, pimientos y cereales conforman la base económica del pueblo. El trazado también se mantiene fiel a los orígenes, con calles diseñadas con escuadra y cartabón y paredes de cal blanca. Sólo hay una concesión: ahora la plaza de la iglesia se llama plaza de la Constitución.

ABC

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