EL PUTO AMO

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EL PUTO AMO

Argentina, que durante años tuvo que acostumbrarse a las devaluaciones, parece que ha emprendido el camino de las rebajas en el prestigio de sus doctorados Honoris causa porque es posible que a estas horas Pablo Iglesias haya sido investido con ese título por la Universidad Metropolitana de Buenos Aires,que le otorga además el premio Rodolfo Walsh de periodismo y comunicación social, y un galardón a la excelencia en las Ciencias Sociales.

Parece ser que no han superado algunos problemas en este país amigo en el que disfruté de su cultura, su arte, su literatura, su cante, su gastronomía y sus gentes durante mis estancias allí, pero los tiempos pasan, los pueblos se enferman y las consecuencias de años de Kirchnerismo se notan.

No quiero que se incomoden mis amigos de allá y de acá y por eso diré, sin que sirva de consuelo para nadie, que en España vamos bien encaminados hacia ese mismo agujero de la mediocridad porque disponemos de politicos que siempre dan su nivel y jamás defraudan .

De ellos podemos esperan que cualquier día apoyen que se le dé el premio Sajarov a Pilar Rahola , y a su “puto amo”, dos genuinos especímenes de la más rancia estirpe catalana en su fase terminal.

Para quienes no hayan leído hace unos días el tuit que la ordinaria ex periodista, ex política y ex dama escribió cuando estaba convencida de que su idolatrado huido seguía burlando a la justicia , fue ella la que lo calificó en esos términos que, antaño solo utilizábamos los macarras como yo y nuestras amigas de mal vivir .

El primer síntoma del declive de una sociedad es cuando sus gentes adoran al becerro equivocado, porque Puigdemont no es de oro, como el de los israelitas, sino de hojalata revestida de purpurina pegajosa, y la prueba está en que han ido degenerando hasta encontrar al tal Torrent que es la versión más cutre que han conseguido los independentistas que no pierden la esperanza de caer aún más bajo.

Hasta el día que se enteren que en España no existe más puto amo que la ley, es posible que tanto los doctores honoris causa y los enfermos del procès sigan intentando marear la perdiz y joder la marrana, dicho sea con más respetuosa consideración por ambas.

Diego Armario