El Rancho de Rajoy

rajoyalber

El Rancho de Rajoy

Como el soldado que no comía rancho para que se fastidiara el coronel del Regimiento, Albert Rivera no quiere comer rancho para dar por saco no sólo a Rajoy, sino a los casi ocho millones de españoles que lo han votado. No por su bella cara ni por su carisma (que no lo tiene), sino como un «hasta aquí hemos llegado»: como un muro de contención a la venezolana amenaza de que nos gobernaran los dos comunismos, el de la nueva observancia de Podemos y el de la vieja observancia de IU, aunque ahora a eso le llamen populismo, pero que es tan antiguo como un cura perseguido o una iglesia en llamas. Así que Rivera no come rancho y que se fastidie el coronel de la gobernabilidad de España. Se le ha subido a la cabeza el Napoleón que lleva dentro, y ha dicho solemnemente:

Desde lo alto de esta mierda de sólo 32 diputados que he sacado, yo le pongo el veto a Rajoy. Que no se crea que lo vamos a apoyar. No hay Guardia Civil suficiente en España como para obligarnos a facilitar la gobernación de este Reino.

Por cierto, ya nadie dice «gobernanza», qué raro. ¿Por qué han borrado los tertulianos esta palabra, como suprimieron la de «postureo» con la que echaron la campaña de las elecciones de diciembre de 2015? Cuando la que sigue en peligro es la gobernanza de España y lo que sobra es el postureo de los que no se han comido una rosca, sino una defecación así de grande (por no decir una mierda como un castoreño), y andan poniendo condiciones. Por favor, dadme un punto de apoyo. Dadme un punto de apoyo, no para beberme Domecq y González Byass, como decía el genial poeta bético Antonio Hernández, acodado en la barra de un tabanco jerezano. Dadme un punto de apoyo para agarrarme, porque es que me tiro al suelo de risa cuando oigo a estos tíos, por ejemplo a este señor Rivera, diciendo:

Rajoy, que se marche, ¿eh?, que ha ganado. ¿Quién ha visto que quiera gobernar España un señor que ha ganado las elecciones y sacado 137 diputados? ¿Pero dónde vamos a llegar? ¿Cómo no nos va a dejar partir el bacalao a nosotros, que somos más progresistas, y más modernos, y más guapos, y que había colas en los colegios electorales para que quedáramos mucho peor que en diciembre, que fue el primer tapón de esta zurrapa con la que ahora queremos hacer un café de primera calidad?

¿Están locos o es su ego el que los vuelve majaras? Cordura precisamente no derrochan los partidos perdedores en este nuevo grave momento de España. Lo que les pediría el cuerpo sería que hubiera un PP, pero no un Partido Popular, sino un Pacto de Perdedores, cuyas siglas son también PP. Toquen madera, porque hasta que se asiente la cordura, aquí corremos el riesgo de que otro con el ego bien despachadito (ese Sánchez que lleva como segundo apellido el nombre de la Columna Castejón, y por eso no lo usa) se alíe con Podemos para gobernar. No lo digo por nada, sólo porque después del imputado ocupafincas Cañamero sentado en el banquillo, perdón, en el escaño de diputado por Jaén, lo que faltaba era que tuviéramos de ministro de Agricultura a un jornalero que ha siglos no ve un azadón, y de Defensa al ex Jemad con cuyos antiguos compañeros de armas están que se suben por las paredes por el modo como pisa la raya de picadores del perjurio a la Bandera.

Contemplo los muros de la Patria mía, quevedescamente, y cada vez comprendo menos lo que ocurre. Oyendo la tele propiedad de un marqués del Reino de España que encumbró y lanzó a Podemos, parece como si Rajoy hubiera cometido el más grave de los delitos ganando las elecciones. Si te las quieres dar de moderno y progresista, debes llevarte las manos a la cabeza cuando alguien te diga que quien debe formar gobierno es el partido más votado. Vamos, es como si la selección nacional de fútbol, quedando como ha quedado ante Croacia y ante Italia, saliera diciendo que es una injusticia que no le den la Europa.

Antonio Burgos ( ABC )

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*