El silencio de los Dinosaurios

junquel

El silencio de los Dinosaurios.

El desprecio con el que algunos personajes de la nueva hornada política distinguen a sus mayores en el partido socialista no tiene precedentes en la historia de la falta de respeto político entre compañeros de partido.

Es cierto que las puñaladas traperas que a veces se regalan los que compiten por un mismo puesto en una formación política son antológicas, pero el arte de esta lucha cainita exige un cierto estilo y una elegancia, a ser posible italiana, de la que carecen algunos garrulos que han llegado a alcaldes y se han creído que con ese bastón han entrado en el Olimpo de los dioses.

Los partidos políticos dicen que defienden las libertades pero no soportan que sus militantes se expresen libremente, porque lo que se estila en estas organizaciones es ver, oír y callar.

El que se mueve no sale en la foto, y el que se atreve a criticar al jefe no levanta cabeza, pero por suerte hay algunos que se arriesgan porque no quieren traicionar su conciencia.
Hace unos días, un twittero que en sus ratos libres ejerce de alcalde de Jun y que es un contertulio habitual en 13 TV, ha empezado a repartir carnés de dinosaurios a todos los socialistas de más de sesenta años que se atreven a opinar críticamente sobre Pedro Sánchez.

Incluye entre las personas, a las que desprecia, a Alfonso Guerra, a Alfredo Pérez Rubalcaba, a Nicolás Redondo, a Francisco Vázquez, a José Luis Corcuera y posiblemente a alguno más que se me escapa en este momento, y lo hace porque según él es más importante demostrarle lealtad al jefe que a la propia conciencia, y yo le auguro que le irá bien con la actual dirección del PSOE porque el nivel es tan mediocre que da el perfil para formar parte de los elegidos.

Este alcalde andaluz, posiblemente no ha entendido ni nadie le ha explicado, que uno de los partidos con una cierta tradición de respeto a sus mayores siempre fue el PSOE, aunque como todo cambia y ahora no está de moda lo que alguna vez fue una sana y respetable tradición, no merece la pena que se lo expliquen.

Tal vez ignore también que en democracia la confrontación de opiniones enriquece el debate y además es muy higiénico desde un punto de vista intelectual, sin olvidar que un ciudadano que milita en un partido no tiene limitado su derecho a la libertad de expresión.

El silencio de los corderos o la omertá se practica en organizaciones mafiosas y por lo tanto no democráticas, y el grito de ¡muera la inteligencia! no es propio de gente que cree en la libertad.

Diego Armario

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