El triunfo de los mediocres

musicak

Ni Merkel ni Hollande ni Rajoy han sido tocados en sus vidas por la diosa de la belleza y además ninguno de los tres tiene cara de listo.

 

Si echamos la vista atrás estos países europeos,fueron gobernados por políticos con más glamour , inteligencia y condiciones para el liderazgo, pero nos ha tocado vivir unos tiempos inciertos en los que la alternativa no invita al entusiasmo , y mucho menos a la confianza.

 

Sinceramente creo que en Europa vivimos una etapa mediocre y por eso surgen politicos que solo conducen al desencanto, porque quienes se postulan como el recambio necesario, destilan quintales de mediocridad.

 

Hace muchos años que no escuchamos un discurso político que merezca un diez, ni vemos a un líder que no sea repudiado por sus propios compatriotas.

 

Los sobresalientes y la matrículas de honor son cuestión del pasado porque vivimos una etapa en la que el más listo suspendería su examen y repetiría curso.

 

De la Europa de los mercaderes se pasó a la Europa del liderazgo y hemos descendido a la Europa de los oficinistas.Por eso triunfan los mediocres y contra ellos compiten los sin sustancia gris.

 

Es triste constatar que el noble arte de la política ha cedido el paso y el poder a la magullería inspirada por los funcionarios de la Unión.

 

Ante esta realidad, que hemos aceptado como si fuese una verdad infalible, estamos perdiendo la oportunidad de hacer que la política esté al servicio del bien común porque, en última instancia la definen y la ejecutan personajes a los que les da lo mismo el bienestar de los ciudadanos, porque lo que prima es la rentabilidad del dinero de los prestamistas.

Leyendo al ex ministro de finanzas griego Yaris Varoufakis, entiende uno por qué su país no tiene ninguna esperanza de recuperación y por qué el nuestro no está libre de vivir una experiencia similar, a pesar de que en este momento somos los que más crecemos de la zona euro.

 

La Europa hoy ha establecido un solo principio básico. La prioridad está en el control del gasto y del déficit, y si para conseguir ese objetivo hay que sacrificar otros valores que fueron tradición en la Europa de la posguerra, se anulan esos principios y se sustituyen por éstos.

 

Lo peor de todo esto es que nadie se atreve a contradecir esa teoría económica y política porque, ni siquiera los que más mandan son capaces de recuperar los valores que inspiraron el Tratado de Roma.

 

Le he leído una frase al ex ministro Varoufakis que quiero subrayar, :

 

“Entré en para intentar cambiar las cosas y hay que pagar un precio por tratar de hacerlo. Si uno entra en política sin querer hacer carrera , al final tiene problemas”.

 

Por mucho que se le critique, nadie le podrá negar formación, prestigio y liderazgo, además de una cierta independencia, muy peligrosa para quienes no lo soportaban. ( Diego Armario )

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