El único que lo tenia claro

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El único que lo tenía claro

Puede estarse en sus antípodas, pero a la hora de analizar, no valen las antojeras. Hay que valorar los hechos. Y de lo que hasta el momento ha acaecido y diría que desde que se produjeron las elecciones del 20 D, de los tres tenores jóvenes, el único que lo ha tenido desde el minuto uno claro ha sido Pablo Iglesias. Leyó los resultados y se dijo: es la hora de merendarse al PSOE. Y a ello se puso desde ese mismo instante. Contó para ello con la inestimable ayuda de un Pedro Sánchez, enfebrecido por su quimera presidencial, que no quiso ver el peligro, que no lo ha querido ver desde que fue elegido secretario general y se puso filtrear con ellos, que simplemente era irse a dormir con su enemigo.

Iglesias montó su discurso y su puesta en escena, con el Parlamento convertido en plató televisivo y Sánchez se creyó actor principal cuando en realidad actuaba de comparsa. El relato de Podemos era muy simple: tenemos los mismos votos casi vosotros y con IU os superamos, os proponemos ir casi a pachas y os dejamos el sillón, pero queremos la estar en el salón y en la cocina monclovita. De lo contrario no hay trato, porque estamos hartos de que el PSOE, se lo hizo al PCE y a IU, se apropie de nuestros votos y luego nos deje fuera, en la caseta del perro.

Se puso mucho énfasis en ridiculizar y asaetear por aquello a Iglesias, pero su parroquia lo entendía muy bien y cuando llegó el día D y la hora H, se consumó lo previsto, ayudado además por Ciudadanos que el vino de perlas en el fondo. La pretensión de Rivera de que se abstuviera el PP para dejar gobernar a Sánchez era tan ridícula como la de los socialistas de que se abstuvieran ellos. Podemos, o iba a la Moncloa o a las elecciones.

Cuando el fracaso de Sánchez quedó al fin al descubierto, tras cuatro meses de pasarela, llegó el planificado y esperado momento. Tras el fiasco de la clamoreada investidura, Pedro el Guapo, se ha quedado en cueros vivos. Desvestido y desnudo. Y ahora Iglesias no hace más que hurgarle esas vergüenzas. Porque el fracaso tiene padre y hasta los mayores exegetas del todavía líder socialista ya no tiene replica para ello. Pesa fuera y pesa dentro. Y puede que hasta más dentro.

Los podemitas esperaban, tan solo, al decaimiento de Sánchez para poner en escena la estrategia, muy engrasada y trabajada en los meses anteriores. ¿O es que se creen que el pacto con IU fue cosa del los botellines de del spot publicitario rodado en Sol como previo al 15-M? Eso lo venían hablando Garzón y él desde hace meses.

Porque además no tenían más remedio que hacerlo y encima es lo que les pide el cuerpo a los de una militancia y de la otra, se lo pide desde 1977 en que el PSOE arrebató la hegemonía al PCE de los años clandestinos. Ahora puede llegar el momento soñado, da la suma y hay que intentarlo. Otra cosa que la suma se consume, pero la oportunidad es ahora o es nunca. Con ello, digan en Ferraz lo que quieran, han puesto al PSOE de los pelos y sus reacciones espasmódicas contra el acuerdo lo demuestran mejor que nada.

Pero la segunda jugada ha sido aún más demoledora y astuta. Un acuerdo de izquierdas en las listas del Senado para arrebatar al PP la mayoría. Pero no como aquel desdichado de Frutos con Almunia que se saldó en hecatombe. No es aquel tiempo penoso ni Podemos subsidiario. Como inicio se plantea allí donde el PSOE ya ha sufrido el sorppaso o es un prisionero o casi. Es una opa hostil, camuflada de amistosa, y es además una hábil maniobra propagandística para señalar al electorado: “¿Veis como no quieren la unidad de izquierdas para echar a la derecha?”. Simple y eficaz. Una consigna de difícil respuesta. Imposible para quien hasta ayer colegiaba, abrazaba y hacia zalemas en esa misma clave.

Porque ese es el problema de no pocos socialistas. Que unos como Puig el valenciano, a pesar de que aparentemente manden, no dejan de ser ya los sirvientes. Es un verdadero “entregado”, la mejor “quinta columna”, como la tienen en Baleares y no andan lejos por Aragón en caer en la trampa. En Valencia lidera y manda Mónica Oltra de la misma forma que en Cataluña el PSC mendiga a Colau la segunda tenencia de alcaldía. Allí ya les han dado la pasada. Donde no, como en Castilla-La Mancha, les ha venido de perlas para tocarles algo más que las narices. Con la jugada del Senado a Podemos le aprovechaban las dos respuestas. Si el PSOE tragaba, sería la definitiva sumisión, la entrega de la hegemonía en esos territorios. Al decir no, cuando al fin en Ferraz se han dado cuenta de las intenciones, Susana Díaz lo vio venir desde el principio, serán pues los socialistas los culpables de haber dejado ganar al PP en la Cámara Alta.

El PSOE tiene por delante un tiempo muy difícil y un camino endiablado. Iglesias prepara ahora la traca del 15-M como inicio de campaña y ellos han de salvar ya no al soldado Sánchez sino al partido. Habrán de hacerlo en los territorios fieles, a cara de perro y hasta al margen del desnortado líder. Es en ello donde puede entenderse la vuelta de algunos y algunas señas de identidades pasadas como Josep Borrel o Margarita Robles. Pero tendrán que acudir todos al rebato, porque la suerte y el destino de la socialdemocracia pende de un hilo y que este lo sustente Sánchez es la peor de las garantías. Así que no extrañaría que salieran a la palestra desde el primero hasta el último de los que sienten esas siglas y las entienden de una manera que parece que ahora y desde hace algún tiempo por Ferraz no se entendían.

Es algo, además, no solo crucial para ellos. España también se juega mucho en ese envite. Pero en este panorama, y como alivio, si es pertinente apuntar un elemento que es la esperanza del PSOE y de muchos. Podemos es una magnifica fábrica de denuncia y propaganda. Son imparables en ello y tienen la herramienta tan afilada que pocos se atreven a oponérseles. Otros juegan descaradamente a arrimarse y alfombrarles el camino. Pero hay algo que en esa puesta en escena persiste y puede que a la larga resulte demoledor. Es también algo muy sencillo, como han de serlo las ideas fuerzas que ellos tan bien manejan. Esa “pandi” que hemos visto en ensayos y coreografias, que se lo montan de fábula en el espectáculo y el mitin, que seducen tanto y a tanto, si uno se pone a pensar un segundo en las cosas de comer, entra más que una duda. Entra un susto. ¿Alguien que no sea un parroquiano muy convencido desde siempre o un converso de fe reciente y absoluta cree que Iglesias, Errejon, Irene Montero, Espinar, Monedero y demás actuantes están capacitados para gobernar España? ¿Alguien en verdad cree que lograrían que bajara el paro, aumentara la riqueza, se mantuviera el sistema de bienestar y se sostuvieran las pensiones?. Eso por poner “cuatro cosillas”. Alguien de verdad piensa que esas mejorarían ¿O nos encontraríamos en cuatro meses haciendo el griego o en un año el venezolano?

Y otra. En esa izquierda la guerra intestina es inherente a su ser mismo y su substancia. Lo de ahora, que no es poco, es solo el aperitivo. Con Izquierda Unida en el gazpacho, las trifulcas van a ser gloriosas. Casi tanto como sus explicaciones “fraternales” cuando purguen a los disidentes. Que por cierto ya hay unos cuantos arrojados a las tinieblas exteriores. Alguno aunque todavía ni lo sepa.

Antonio Pérez Henares

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