Empieza la rebelión

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Empieza la rebelión.

La huida de Carme Chacón no responde a un calentón espontáneo o a la rabieta de una marginada por castigo o rebeldía. Tampoco es atribuible a «motivos personales» para los siempre socorridos «nuevos proyectos». Es una renuncia en toda regla, un desmarque absoluto de Pedro Sánchez, y el síntoma de que el PSOE ha entrado en una nueva fase de descomposición en la que no solo ebullen ambiciones y venganzas, sino que reincide en su incapacidad para hallar la brújula perdida de la socialdemocracia.

Carme Chacón se representa a sí misma, pero encabezó las listas del socialismo catalán. Hoy ya no se identifica con él y ve incorregible su deriva. Lo mismo piensa del PSOE. No es la cebra herida en retirada que nunca halló el momento ni los apoyos para suceder a Zapatero o a Rubalcaba. Es una incómoda sensación de hartazgo y derrotismo la que motiva su retirada fulminante. Chacón ha sido el rostro visible de muchos críticos que murmuran escabullidos entre los escaños contra los fracasos y errores de Sánchez. Pero no emergerán porque es prioritario repetir puestos de salida en las listas. A menudo las rebeliones en público dan pereza: son incómodas, desgastan y se pierde ese aura conspiratorio del futbolista que cubre su boca con la mano para que no leamos sus labios cuando llama «perro» al contrario. Eso es hoy el PSOE. Ante esta crisis, la renuncia de Irene Lozano resulta casi irrelevante.

Chacón sabe que Sánchez no le escucha, que no influye en César Luena, que Miquel Iceta la ningunea… Quedó anclada en la expectativa de que los residuos del zapaterismo le auparían en el partido. Por eso, la confluencia de intereses le llevó a congeniar con Susana Díaz, con Eduardo Madina y con zapateristas opacos que han medrado sistemáticamente contra Sánchez hasta en las salas de maquillaje de las televisiones. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos. O parecido.

Sánchez se empecinó en mantener su pulso con Podemos creyendo que finalmente Iglesias se abstendría, y solo ha logrado enfrentarse a muchos dirigentes socialistas. Insultados, humillados, vilipendiados en cal viva… Eran marionetas en manos de Podemos. El PSOE, cuyo Comité Federal dejó a Sánchez sin margen de maniobra –en eso sí tiene razón-, no va a perdonarle más errores. Salvo milagro electoral, el socialismo está redactando su sentencia. Y la primera abajofirmante es Chacón.

Sin embargo, parece tarde para ella. Lo negarán mil veces, pero se ha reactivado una operación de cocción lenta que pasa por el salto definitivo de Susana Díaz tras el verano hacia una sucesión que en estas mismas horas se fragua sin misericordia.

Manuel Marín ( ABC )

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