ENCARCELAR A TORRA

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ENCARCELAR A TORRA

Alejandro Lerroux, presidente del Gobierno de la II República, político de la izquierda radical y antimilitarista sin fisuras, al enterarse de que Luis Companyshabía proclamado el “Estado catalán dentro de la República Federal Española”, declaró el Estado de Guerra en Cataluña y ordenó al general Batet que tomara militarmente el palacio de la Generalidad. El militar detuvo al entero Gobierno catalán, salvo al consejero de Interior que se escapó por una alcantarilla. Unos meses después, a Luis Companys y a sus consejeros se les condenó a treinta años de prisión. No fue la dictadura de Franco, sino la Justicia de la II República, la que encarceló al presidente de la Generalidad y a sus cómplices.

Ahora, ni era ni es necesario tomar medidas militares. Tras el 6 y 7 de septiembre, tras el 1-O, tras el 27 de octubre, en cualquiera de esas tres fechas, Rajoy debió ordenar a la Guardia Civil que detuviera al presidente Puigdemont y a sus consejeros, sin rodeos ni pasteleos, sin anuncios previos, para evitar que ninguno de ellos pudiera escapar. No lo hizo así.

Después, el presidente del Gobierno, al aplicar el artículo 155 de la Constitución, no supo condicionar las nuevas elecciones autonómicas a que se dictara primero la sentencia del Tribunal Supremo, condenatoria o absolutoria, sobre los presuntos golpistas. Tampoco acertó a tomar esa medida y así nos luce el pelo. Durante los últimos seis meses, el expresidente felón Puigdemont ha lidiado a Rajoy al natural, con firme mano izquierda, le ha escarnecido, le ha vejado, se ha coñeado de él y le ha tomado a chacota, con grave deterioro para la imagen internacional de España.

Como el presidente del Gobierno y del PP no quiere conflictos y solo piensa en los Presupuestos y en las cercanas elecciones generales, le puede volver a ocurrir lo que, por desgracia, ha permitido hasta ahora: la obstinada burla de Puigdemont. Si la marioneta Torra respeta la ley y la Constitución, habrá que aceptarle. Si, directa o indirectamente, violenta el texto constitucional, Rajoy debería ordenar a la Guardia Civil, sin rodeos ni indecisiones, que lo detenga de forma fulminante y lo ponga a disposición del juez. Hay apuestas sobre lo que hará Rajoy, el político que se debate entre la verborrea estéril y las decisiones de eficacia. Mientras tanto, Puigdemont y su marioneta Joaquín Torra, preparan ya, al alimón, elecciones autonómicas para el mes de octubre.

Luis María Anson ( El Mundo )