España asombra

asombro

En Cataluña, por más que Más se baja los pantalones y abarata su dignidad, los antisistema de las CUP insisten en no apoyar a un personaje indigno y corrupto.

En el PSOE por más que Sánchez proclama que el que manda es él, los partidarios de la coherencia le paran los piés y le enfrían las ansias, porque no quieren que lo que queda del partido se eche del todo a perder.

En el PP, por más que Aznar ,inventor del dedazo, está intentando agitarle la silla a Rajoy con un congreso extraordinario para echarlo no encuentra suficientes apoyos, aunque todo se podría andar.

A los partidos nuevos ya le tocará hacerse mutuamente la puñeta porque el desencuentro forma parte de la historia de nuestro país. Ahora bien, lo que más nos gusta después, de fastidiar a los más cercanos es hacerle la puñeta a los de enfrente.

España es un lugar de paréntesis, en los que quienes en algún momento histórico han tenido la generosidad de llegar acuerdos, son desautorizados unos años después por quienes creen que el disenso es la solución.

Durante un tiempo nos admiraban sorprendidos de que hubiésemos sido capaces de convertirnos en un ejemplo de reconciliación que merecía ser imitado, y ahora se hacen cruces al ver la deriva que hemos tomado.

Los países europeos más serios y con tradición de responsabilidad política en los momentos más graves nos están mirando y se hacen cruces hasta lo que ni creen en Dios.

El espectáculo que estamos dando provoca curiosidad, extrañeza y finalmente preocupación porque algunos no entienden que seamos más rápidos que las esporas reproduciendo nuestras diferencias irreconciliables.

Algunos piensan, y no les falta razón, que tal vez sea cierto aquello de que Europa acaba en los Pirineos.

Diego Armario

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