ESTAMPIDA DE “LEMMINGS “

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ESTAMPIDA DE “LEMMINGS ”

Lo de Cataluña no es nuevo. Hay numerosos precedentes de colectivos que prefirieron suicidarse a dar su brazo a torcer. Lo hicieron los íberos en Sagunto frente a las tropas de Aníbal, los arévacos en Numancia frente a Escipión, los sicarios en Masada frente a las legiones de Tito y así, de gesta en gesta, hasta llegar a la fortaleza de El Álamo, donde los secesionistas de Tejas plantaron cara al gobierno de México.

El heroísmo es una tentación emocional y, por ello, irracional contra la que nada pueden los argumentos del sentido común. Escribía hace poco Emilia Landaluce que el seny ha pasado a ser senil. El retruécano es oportuno e ingenioso, aunque también cabría tildar de infantil a esa mutación. Niños y viejos allá se andan. Pero no hay que remontarse en busca de paralelismos a tan remotos tiempos como yo lo he hecho. Fue Walt Disney quien se anticipó en 1958 a lo sucedido el jueves en Cataluña con su documental Infierno blanco. Trataba éste de los lemmings, esos curiosos roedores que se agrupan por cientos de miles y recorren enormes distancias hasta llegar al Océano Ártico, arrojarse a sus gélidas aguas y perecer en él.

Lo hacen, según el documental citado, para equilibrar los excesos de su asombrosa fertilidad mediante un drástico mecanismo instintivo de autorregulación de la especie, pero es sólo una leyenda creada por la película. Tan ocurrente adaptación cinematográfica de la fábula del flautista de Hamelín, al que desde su llegada al coro de los faroleros emula Puigdemont, resultó ser un fraude o, mejor dicho, una posverdad, palabro de reciente cuño que la Academia define en el último reajuste de su Diccionario como “información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”.

¿No es exactamente eso lo que ha inducido a dos millones de suicidas a poner su futuro en manos de los mismos golfos apandadores que el 1 de octubre dieron un golpe de Estado? “Lo real -ha dicho Darío Villanueva– no se basa ahora en algo ontológicamente sólido y universal, sino en una construcción de conciencia”. La engañifa de Disney escenificaba lo que ocurre cuando las masas acatan ciegamente las consignas que los embaucadores imparten. Los engañabobos del tripartito separatista venden a cuatro pesetas duros de alcornoque. Sus rebaños trotan ya con los cencerros puestos hacia un lugar frío y distante situado al este del Edén. Que el 155 los detenga.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor