Esto es lo que hay

etarrako

En el parlamento español hay diputados que confrontan argumentos con sus rivales políticos, y otros, que en vez de hablar, se disfrazan con camisetas alusivas a sus reivindicaciones, insultan, amenazan o rompen las páginas de la Constitución de nuestro país, y luego regresan a su escaño, convenidos de que ese mes se han ganado el sueldo.

Esto último es lo que ha hecho el diputado de Amaiur, Sabino Cuadra, para apoyar la independencia de Cataluña y recordar que detrás van ellos.

Los antiguos etarras y sus amigos, hoy están agazapados pero listos para pedirles la vez a los separatistas catalanes, pero así son España y sus gentes.

A veces piensa uno que a todos los países nos toca una cuota de gentecilla – por no llamarla gentuza – que en vez de expresar sus reivindicaciones con argumentos, sólo están capacitados para la descalificación, la amenaza y el insulto.

Romper las páginas de la Constitución desde la tribuna del Parlamento tiene toda la simbología del desacato, aunque no añade nada a lo que algunos grupos vienen diciendo y practicando desde hace años.

Pienso que, cuando hablamos de una España diferente, estamos refiriéndonos a un país que no quiere ser nación y pienso que, tal vez, en el ADN de los antiguos y numerosos pueblos que poblaron la península ibérica, estaba el germen de la desunión, más que el de la pluralidad.

De nosotros se dice que somos peculiares, que tenemos una forma de ser muy extraña, y esa percepción, en la que coinciden muchos observadores, tal vez se deba a que cada uno de los pueblos “bárbaros”,  que nos  invadieron a lo largo de los siglos, dejó su cuota de mala leche y de visión cainita en nuestros genes.

Los españoles carecemos de algo que es común en otros muchos países: el sentimiento de identidad nacional.

En cualquier otro, sus ciudadanos, son capaces de matarse en guerras civiles u odiarse eternamente por diferencias ideológicas, pero todos ellos coinciden en que su patria, su bandera y sus símbolos son intocables porque forman parte de un patrimonio común.

En cambio aquí, cada uno tiene en su casa una bandera y en la de enfrente, a un enemigo.

Somos un país sin orgullo.

Diego Armario

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