El fanatismo sin filtros

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El fanatismo sin filtros.

Carme Forcadell representa de un modo muy redondo, y muy letal, la falta de inspiración del independentismo. Los motivos por los que Esquerra decidió ponerla de presidenta del Parlament fueron precisamente su ignorancia y sus pocas luces, para estar seguros de que así, cuando tuviera que tomar las más delicadas decisiones, lo único que pesaría sería su fanatismo sin filtros.

Otros candidatos fueron descartados por ser demasiado cultos, demasiado inteligentes; por tener la preparación suficiente para entender el callejón sin salida al que conduce la desobediencia y las unilateralidades tanto en España como en la Unión Europea. Y bajando, bajando, encontraron a Forcadell. Junqueras sabía que necesitaba infantería ciega y ahí estaba ella. El problema de Carme Forcadell, que es el problema de buena parte del independentismo, es preidelógico y afecta a su formación general básica incluso más que a su voluntad directa de delinquir.

El problema, la tragedia de Forcadell, que es la tragedia del independentismo, no es que se salte esta o aquella ley, sino que no comprende que la democracia deja de existir en el momento mismo en que no se cumplen las leyes. Los independentistas están tan persuadidos de que sus ideas encarnan la única representación del bien, que cualquier escenario que no sea el de la imposición de sus tesis les parece una ofensa.

Estoy seguro de que muchos de los jueces llamados progresistas se negarían a aplicarle la Ley a Carme Forcadell por creer que es «fascismo» prohibirle a un parlamento cualquier debate. Y ahí está: no Forcadell, sino España.

Salvador Sostres ( ABC )

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