FELICES HACIA EL PRECIPICIO

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FELICES HACIA EL PRECIPICIO

Las alegrías y las tristezas van por barrios y hoy se reparten esos sentimientos por toda España pero especialmente por Cataluña donde muchos celebran que puedan formar gobierno los suyos, aunque las elecciones las haya ganado uno de los otros que es Ciudadanos.

Así es la democracia y los resultados electorales, cuando no se hacen trampas, hay que aceptarlos y eso es lo que va a suceder una vez que la junta Electoral Central los valide.

Se han celebrado unos comicios autonómicos en Cataluña y gobernaran la autonomía  los partidos que propugnan la independencia de esa región de España, y eso es todo.

Pueden teñir de amarillo y de estrellas cubanas todas las calles, plazas y edificios que quieran, pero  Cataluña sigue siendo solo una autonomía de España y sus ciudadanos y gobernantes están  sujetos a la Constitución y las leyes,  por más que se pongan hasta el culo de chutes  desde Bruselas o la cárcel de Extremera o  por los pasillos de TV3.

Las leyes del estado siguen estando vigentes, España continua siendo una monarquía parlamentaria y no como ha dicho el “valiente gudari escapado a Bruselas” que ya ve una república catalana, a la que por cierto no piensa regresar por ahora porque sabe muy bien que en España los delincuentes comparecen ante un juez y si les condena van a la cárcel.

No se me escapa el drama que muchos ciudadanos están viviendo en estos momentos en Cataluña, mientras que otros explotan de alegría, pero ya se sabe que la diferencia entre el pesimismo y el optimismo es que los pesimistas son gente bien informada.

La gente bien informada es pesimista porque sabe que vienen tiempos malos desde un punto de vista económico y que la ruptura social entre amigos y familias no se va a recomponer fácilmente.  Saben también que con estos resultados, absolutamente legítimos, van a ser más pobres pero ya se sabe que “sarna con gusto no pica”.

Pero no deben olvidar los que desde ayer por la noche están eufóricos es que la ley no se ve afectada  por estos resultados y que los que cometieron delitos de prevaricación, alzamiento de bienes, utilización de fondos públicos para asuntos no previstos en los presupuestos y un largo etcétera es que comerán algunos años el turrón en la cárcel.

Los otros ciudadanos catalanes que están felices, porque el engaño colectivo es una buena droga que se ha experimentado con éxito en Cataluña, no tardarán en descubrir que el flautista de Hamelin no se ha llevado a las ratas sino a las personas.

Diego Armario