EL FIN DE TANTAS COSAS

Antonio Moreno 31.01.2016 Barcelona Cataluña. Concentración de Societat Civil Catalana con el lema " El Procés ens Roba "  en la Plaza de Sant Jaume.Foto:Antonio Moreno

EL FIN DE TANTAS COSAS

De todas las cursilerías que ha engendrado el procés, quizás la más grimosa es esta que repiten con fingida aflicción tantos pretenciosos: “Yo ya he desconectado. Hace tiempo que me he ido”. El que Cataluña tenga ya prácticamente todas las estructuras de un Estado ha favorecido esa sensación de que la nación depende de uno. El pretencioso que dice “ya me he ido” no se ha marchado a ningún sitio, que sería muy lícito, sino que habla de una especie de viaje astral. Lo que en realidad promete es que irá achicando su mundo, desterrando de él todo rasgo de cosmopolitismo, incluidos todos aquellos vecinos que decidan permanecer con todas sus consecuencias en el siglo XXI.

Los pretenciosos podían haber seguido toda la vida con esos pensamientos esotéricos pero la ambición suicida de Puigdemont ha roto el hechizo. Hoy, la tramposa ambigüedad ha llegado a su fin y con ella tantas otras cosas que el procés ha dilapidado.

La capacidad coactiva de la palabra facha, por ejemplo. Desde hace cinco años el carril por el que circula el pensamiento tolerable en Cataluña ha ido estrechándose al tiempo que se iba ensanchando el espectro semántico de la palabra facha. Lo de que te llamaran facha llegó a ser un signo de distinción porque así se designaba a los mejores y más valientes cerebros de Cataluña. Ahora lo han convertido en una vulgaridad que no intimida a nadie y es más evidente hoy que nunca la certeza de que el nacionalismo ha arruinado la obra de más escritores mediante el halago y la subvención que mediante la coacción.

El día que el procés alcanza una de sus metas volantes es necesario reflexionar sobre todo lo que ha destruido. La convivencia, sí, pero también decenas de tabúes castrantes. Como que la defensa de la Constitución jamás podría disputar el espacio público al patrioterismo reaccionario o que la Educación merece estar en manos de quienes anteponen la construcción nacional a la forja de ciudadanos libres. Ha disipado el espejismo del oasis europeo en una España retrógrada, los complejos seculares ante la prensa extranjera o la confusión entre los catalanes y algunos catalanes.

PP y PSOE han de saber que pacificar con reformitas constitucionales al secesionismo es como tratar de dormir con valerianas a un neng que llega a casa de Scorpia. El procés ha llegado mucho más lejos de lo que nadie predijo que llegaría. Ha creado un circuito cerrado de mentiras tan hermético que ya sólo hay una idea que el Estado puede transmitir capaz de penetrar en él: la impunidad.

Rafa LaTorre ( El Mundo )