Francia

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Como Francia está al lado, siempre nos sirve de espejo. Lo que allí ocurre debería darnos pistas del ambiente que podría generarse en la España de hoy si acabaran por triunfar algunas políticas viejas y fracasadas que la izquierda y sus extremos quieren volver a imponer.

Ellos, la izquierda, están en su legítimo derecho de proponerlo y los ciudadanos, de rechazarlo. Francia arde como arde porque desde hace muchos años sus gobernantes, bajo la envoltura de la progresía buenista, han tomado decisiones –mejor dicho, dejaron de adoptarlas– a espaldas de la propia UE, de la globalización y de las grandes transformaciones que se registran en el mundo avanzado.

Los franceses tienen un gran país. Civilizado y democrático. Sus costuras, sin embargo, se rasgan por las consecuencias acrecentadas de una mala administración. Fruto de todo ello es el escenario que se nos muestra cada día, y en el que se mantiene el convencimiento de que pueden detener a los populistas a base de gobernar con sus tics y sus ideas.

El Astrolabio ABC

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