FRUSTACIÓN

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FRUSTRACIÓN

¿Qué hubo en Cataluña? Desde luego, no un referéndum. Ni siquiera una parodia de referéndum, al carecer de todas las condiciones que requieren estas consultas: ni censo, ni centros, ni control, ni recuento, ni sistema de transmisión de datos. Con decir que se pudo votar en cualquier sitio, la calle incluida, que algunos votaron varias veces y que otros lo hicieron en casa de un parlamentario, está dicho todo. Se ha hablado de farsa, de chapuza, de esperpento, pero yo lo veo más como reto al sistema legal vigente en España. Lo que nos lleva directamente a la reacción del Estado, a través de la Policía Nacional y la Guardia Civil¿Han respetado la proporcionalidad, palabra puesta recientemente de moda? Si consideramos la magnitud del desafío, que fue más allá de la desobediencia para entrar en la rebelión, no sé lo que pensarán ustedes, pero este que escribe considera la actuación de las Fuerzas de Seguridad españolas comedida e incluso refrenada.

Estaban ante un auténtico golpe de Estado, dado por uno de los brazos del mismo, el Gobierno catalán, lo que significaba un agravante, con penas de cadena perpetua —como la de los principales encausados de 23-F— y, en algunos países, la pena de muerte. Más cuando los agentes actuaban bajo mandato judicial para impedir que se cometiera un delito y se limitaron a defenderse al ser atacados por las turbas cuando peligraba su integridad física. Aunque en España pegar a un policía, sobre todo si está en el suelo, se ha convertido en un deporte. Así nos va.

Confirme avanzaba el día y ganaba fuerza la impresión de que estábamos ante una estafa democrática, surgió la palabra mágica, “diálogo”, como bálsamo de Fierabrás del gigantesco follón en que unos políticos nacionalistas nos han metido. ¿Dialogar de qué?, si ellos no admiten otro diálogo que el que se les conceda lo que piden, la independencia o quasi independencia, ¿o se la tomarán por su cuenta, como acaban de intentar?Aunque ellos lo dicen abiertamente, lo que es de agradecer.

Mucho más grave es la actitud de los equidistantes, los que echan la culpa de la situación en que nos encontramos a Puigdemont y a Rajoy, e incluso se atreven a pedir la dimisión de ambos. Lo hace, en un tono más o menos alto, la cúpula actual del Partido Socialista. Eso sí que es sucio, cobarde, obsceno, porque aparte de la injusticia que supone igualar la actitud del presidente del Gobierno, que solo ha actuado cuando el delito ya se había cometido, con la del que lo ha cometido, encubre el deseo de aprovecharse de ello para alcanzar el poder. Si es todo lo que Sánchez ofrece para arreglar el problema catalán, mejor nos quedamos como estamos. En cuanto a lo que ofrece Iglesias, me perdonarán, pero he decidido ni comentarlo. No vale la pena.

De lo que nos espera en los próximos meses y años les hablaré con calma en la Tercera de mañana. Hoy tengo de sobra con este 1 de Octubre que no ha dejado más que frustración. Aunque pudo ser mucho peor.

José María Carrascal ( ABC )