GIBRALTAR NO VALE UNA GUERRA

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GIBRALTAR NO VALE UNA GUERRA

Hablando con un amigo tan envuelto como yo en el tema, coincidimos en que la omisión de Gibraltar en la meliflua carta de Mrs. May a la Unión Europea anunciando su intención de abandonarla no fue un olvido, sino a posta. Ya lo omitió en su discurso del 17 de enero, causando un susto a los gibraltareños. Gibraltar es un contencioso tan viejo como enrevesado que podía complicar sus negociaciones con Bruselas en las que espera salvar el tráfico de mercancías, deshaciéndose del de personas.

Bruselas no picó ni olvidó que Gibraltar tiene que resolverse por negociaciones hispano-británicas y la ha metido en un buen lío, con los gibraltareños presos de un ataque de nervios, la vieja guardia tory redoblando los tambores de guerra y ella misma teniendo que salir a defender the Rock con cuanto tiene. Pero aún así, muestra lo débil de su posición. Si se fijan, lo que ha dicho la premier es que garantiza a los gibraltareños the best Brexit, la mejor salida de la UE, cuando ellos quieren quedarse. Algo imposible por estar en ella gracias al Reino Unido. Si éste se va, se van ellos también. No porque lo quiera España, sino porque lo quieren los ingleses. Hay que estar a las uvas y a las maduras, aunque a ellos, acostumbrados a estar sólo a las maduras, les cuesta aceptar la realidad de su situación, que es el de una colonia, como la ONU certifica.

Se comprende su nerviosismo, como el belicismo de la vieja guardia tory, que sueña con revivir las glorias imperiales despachando la Navy como en las Malvinas. Olvidando que Mrs. Thatcher tuvo que envainársela cuando quiso retener algo de Hong Kong, y Deng Xiaoping le apuntó el teléfono que tenía al lado para decirle: “Señora, bastaría que diera una orden por este teléfono, para que los tanques que rodean esa ciudad china la tomen, antes de que usted y yo acabemos nuestra conversación”.

Más, cuando a Gibraltar no hay que invadirla, ni siquiera cerrar la Verja. Bastará con aplicar las normas que le corresponden ya que, según las ventajas que Londres le negoció, no está incluido en el Tratado de Schengen para eliminar fronteras interiores en la UE, que le ha permitido tener la cuarta renta per cápita del mundo y actuar como el resto de las colonias británicas, auténticos paraísos fiscales. Bastaría la estricta aplicación de ese tratado para que tales ventajas desapareciesen. Algo que puede ocurrir antes de lo que nadie supone. Todo ello no porque lo quieran los españoles, sino por quererlo los ingleses.

Los gibraltareños dicen que quieren ser británicos y europeos. Hasta ahora era posible. En adelante no va a serlo. Tienen que elegir. En cuanto a los ingleses, sabemos que lo primero, lo segundo y lo tercero para ellos son sus intereses, luego, los de los demás. Y eso es precisamente lo que más temen los gibraltareños, aunque no lo digan, y los españoles con intereses en la colonia, que tampoco lo dicen.

José María Carrascal ( ABC )

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