Guerra y paz

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Guerra y paz

EL GENERAL Julio José posaba el sábado en la contra de este periódico con el brazo derecho cruzado sobre el pecho, en la mano una pistola, que por las trazas y según mi amigo Teo, que conoce la ferralla, era una Beretta de 9 mm. En el cañón del arma, el tallo de un clavel. Era una foto de cartel de James Bond inspirada conceptualmente en el póster del 25 de abril, una niña descalza plantando su cravo en la boca de un fusil. El camarada general de Podemos quiso desmentir a Pérez-Reverte sobre la chapuza de los piratas que “se le escaparon” y sólo desmintió su rueda de prensa del 18 de noviembre de 2009. Ya lo había desmentido Iker Galbarriatu, capitán del Alakrana.

El mismo sábado hubo en Madrid un acto del No a la guerra, que congregó a varios centenares de madrileños, prácticamente un millar, que diría Resines redondeando al alza las cifras de su ministerio en La vida alegre. El periódico anunciaba ayer encuesta, según la cual el 54% de nuestros conciudadanos se opone a la guerra. Y quién no. En realidad quiere decir que no son partidarios de la intervención militar en Siria. Seguramente un porcentaje aún mayor se opondría al cáncer de pulmón y a la intervención quirúrgica. ¡Pudiendo curarlo mediante hipnosis! El 83% cree posible un atentado islamista como el de París, pese a lo cual la mayoría cree en las virtudes disuasorias de la inhibición. Se acojonarán en cuanto nos oigan cantar el Imagine.

Esto tiene su laico patrón. El 8 de mayo de 2005 se conmemoraba el 60º aniversario de la liberación de Mauthausen. Allí, ante ocho supervivientes, el entonces presidente Zapatero dijo muy solemne: “Nunca más. Nunca más a la opción totalitaria; nunca más al horror; nunca más al crimen por el crimen; nunca más a la locura de la guerra; nunca más al fascismo y al nazismo”. ¿Qué querría decir “nunca más al crimen por el crimen”? ¿Y al crimen por amor, o al crimen por dinero, o al crimen por alimentos? ¿Cómo se puede decir “nunca más a la locura de la guerra”?

Tres años después, en el 65º aniversario del día D (6 de junio de 2009), Barack Obama fue a Normandía, teatro del desembarco y cementerio de decenas de miles de jóvenes estadounidenses, británicos, canadienses y franceses que murieron en aquella espantosa carnicería. También de alemanes, claro. Y Obama, premio Nobel de la Paz aquel mismo año, discrepó de Zapatero: “Todos sabemos que esa guerra fue esencial, porque sirvió para liberar a Europa de una ideología que sojuzgaba, humillaba y exterminaba. La ideología nazi era el mal”.

Escribámoslo en un lenguaje accesible a nuestra izquierda: ¿responderían no a la guerra a las medidas tomadas por la Junta de Defensa de Madrid en noviembre de 1936, aun incluyendo las excursiones a Paracuellos?

Los congregados el sábado, ¿lo habrían hecho para gritar no en nuestro nombre, tanto a la insurrección militar del 36 como a la declaración del Estado de Guerra por la República? ¿No en nuestro nombre a la invasión nazi de Polonia y no en nuestro nombre a la declaración de guerra contra Alemania por Francia y el Reino Unido dos días después?

Zapatero y su Jemad han constituido la pareja artística que mejor ha representado a España. Y el Gran Wyoming, que iba para médico. No a la guerra y no al enfisema pulmonar, qué coño.

Santiago Gonzalez ( El Mundo )

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