Guerras que no ganamos

susiyk

Guerras que no ganamos.

La derecha tenemos razón, pero la izquierda son los maestros de la propaganda. Es antológica su facilidad para hallar lemas memorables -«Nunca máis», o «No a la guerra- con los que, por tramposos y cínicos que sean, es imposible no estar de acuerdo. La derecha tenemos razón pero la izquierda nos arrolla con su «agit-prop» convincente y letal, y ante el que nunca sabemos reaccionar.

Sus dos últimos mantras son el inmovilismo de Rajoy, y que el PP tendría que abstenerse si Pedro Sánchez es capaz de alcanzar un acuerdo con Ciudadanos. Lo más extraordinario es que los primeros en asumir semejante panfleto han sido algunos de los cuadros del Partido Popular, entrañables en su papel de tontos útiles con los que los socialistas siempre han sabido que podían contar.

No es que Rajoy no se mueva. Es que la izquierda insiste en querer ganar la Guerra Civil que perdió y se amotina en su trincherismo prebélico. El presidente ha intentado dialogar de todas las maneras posibles con Pedro Sánchez y llegó con Ciudadanos hace diez días a un principio acuerdo razonable.

La izquierda es muy hábil pero la derecha no es culpable. El presidente Rajoy no es culpable de haber ganado las elecciones; y según sugería ayer el CIS, las volvería a ganar, incluso por más margen, si en junio se celebraran de nuevo. Rajoy no es culpable de que Pedro Sánchez se enroque en su indigencia, y si alguien tiene que abstenerse es el PSOE, que obtuvo en diciembre los peores resultados de su Historia, y podría empeorarlos, también según el CIS, si su guerracivilismo nos lleva al colapso y tenemos que volver a votar.

Los casos de corrupción del PP son innegables pero es el colmo de la desfachatez que los socialistas den lecciones de honradez, con el escándalo de los ERE de Andalucía, que por sí sólo convierte a su partido en el más corrupto de España. Que Sánchez se otorgue la superioridad moral de indultar o no indultar al PP es un especial de humor de los hermanos Dalton.

O Pedro Sánchez se comporta con sentido de Estado, y favorece la gobernabilidad y la estabilidad parlamentaria, o -por decirlo en su lenguaje treintayseisista- lo volvemos a pasar por las urnas, para que la democracia que no sabe respetar acabe de llevárselo por delante.

Salvador Sostres ( ABC )

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