HABRÁ QUE ESPERA

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HABRÁ QUE ESPERAR

Cuando la crítica es más dura y acerada es cuando el político sabe que lo está haciendo bien. Por esa vieja regla, Mariano Rajoy ayer tuvo una buena tarde, aunque a su discurso le faltó emoción. Es cierto que algunos políticos envuelven en emoción -que a veces degenera en demagogia- la carencia de ideas y de propuestas concretas a la sociedad que gobiernan o aspiran a gobernar. La intervención parlamentaria de un candidato a presidir un gobierno debe ser siempre de tono elevado y con vocación a conmover no tanto a los parlamentarios como a los ciudadanos. Con palabras sencillas se pueden expresar grandes ideas.

Por ejemplo cuando el presidente en funciones se refirió a la defensa de la unidad de España, de la igualdad de todos los españoles y de algo tan elemental como respetar la ley. En ese momento, los socialistas miraron para otro lado. Por eso Rajoy va ganando, aunque no sea investido, porque sus palabras y propuestas representan el triunfo de la España real sobre la arrogancia, la soberbia. Su estrategia entronca con el interés general. A pesar de todo, esta vez Rajoy no será investido.

El Astrolabio ABC

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