Habrase visto

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Habrase visto

No sé si cabe un análisis más. El domingo pasado queda muy lejos y un cierto hartazgo planea sobre nuestras cabezas como un murciélago impertinente. Pero cuesta resistirse cuando se comprueba que algunos siguen sin leer debidamente el resultado que nadie esperaba, ni siquiera los agraciados. Siguen encerrados en Unidos Podemos con el fin de saber qué extraña razón ha hecho que los españoles no les hagan el pasillo camino al asalto de los cielos y transformen su nombre en Unidos Perdemos.

Hasta ahora todo son excusas de autoengaño. La coalición puede haber evitado un sonrojo notable, es decir, sueltos cada uno habrían obtenido peor resultado, aunque en eso no se ponga nadie de acuerdo. Podemos y su apósito no han alcanzado su objetivo porque la gente, esa a la que apelan tanto, siente algunas inquietudes una vez va conociendo el paño: después de ver las mamarrachadas que «implementan» en sus respectivos ayuntamientos, no es descartable que una parte de aquellos que estaban dispuestos a divertirse votando a radicales amansados se lo pensaran dos veces.

Puede que sea verdad el razonamiento errejoniano: hay que ser transversal y no vender la marca de la izquierda radical al estilo frente popular, y eso no se consigue disimulando ser comunista y haciéndose pasar por socialdemócrata, se consigue ofreciendo un programa que no asuste a clases medias y a juventud emergente que campan por ahí demandando originalidad, sí, pero también seguridad. Y eso no se lo da un comunista. Además de que el personal no quiere ser británico de los de después del viernes pasado y vivir en un ay. En el PSOE, amortiguan su pérdida de escaños con el hecho de que el que les iba a sobrepasar aún no ha conseguido cerrar la boca por la sorpresa de quedarse como estaba, y gracias.

Y dicen las mismas cosas que decían antes del domingo, que si compañeros y compañeras, que si los recortes, que si el sufrimiento que impuso Rajoy, que si nunca permitirá un gobierno de la derecha ni por H ni por B, que si tal que si cual, pero la autocrítica acerca de los pasos dados brilla por su ausencia. Como brilla también en la casa de quienes siguen insistiendo en que con Rajoy nada de nada: Ciudadanos ha mantenido porcentaje, más o menos, pero ha perdido escaños y eso puede pasar cuando no creces. ¿Y por qué no ha crecido?: no porque los españoles sean unos ignorantes que no saben apreciar el buen paño, sino por saberlos maniobreros en momentos puntuales. A Ciudadanos hay que agradecerle muchas cosas, pero también reprocharle criterios dispares en función del partido a quien permiten gobernar. Los que votan C´s no parecen entusiasmados con que su voto sirva para hacer presidente a Pedro Sánchez, vengo a decir.

Y el PP… ¡Acabáramos! Gana con 137 diputados y mayoría absoluta en el Senado y tiene la desfachatez de pretender gobernar. En compañía de otros, se entiende, porque solo no llega ni a la Purísima. Los otros, como es sabido, empiezan por hacerse la ofendida. Ya veremos cómo acabarán. El PSOE dice que a ellos les han elegido para ser oposición y que no le van a dejar la merienda a los chicos de Iglesias, y Rivera, con cara de malas pulgas, muy cabreado, insiste en mesas tripartitas y en relevar a Rajoy porque le envió un SMS a Bárcenas. En la anterior intentona legislativa, le decían a Rajoy, que había ganado, que apoyara la investidura de Sánchez para relevarle y deshacer todo lo que él hizo. Ahora, que sigue pretendiendo gobernar, no sé qué le acabarán diciendo, pero, como no anden listos, en unas terceras elecciones los borra de mapa. Desde luego, cómo es la gente. Ganar unas elecciones y querer formar gobierno. Habrase visto.

Carlos Herrera ( ABC )

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