Hielo en el corazón

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Hielo en el corazón.

Tras dos meses de continuos  gestos de desprecio, y algún insulto de por medio, de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy, han quedado a no sé qué y mucho menos para qué.

Por la cabeza de Sánchez,  durante todo este tiempo en el que se ha negado a hablar con el Presidente del gobierno de España en funciones, imagino que la única idea que pasaba  por su cabeza era  no darle ni agua, pero una vez que ha recibido el encargo del Rey de intentar formar gobierno tenía que hablar con Rajoy porque ,aunque había dicho que con el  PP y con Bildu no hablaría, habría sido muy fuerte seguir situando en pie de igualdad al partido que  durante tantos años ha puesto los criminales con el que ha puesto las víctimas.

Finalmente se han visto aunque no se han mirado las caras, se han saludado aunque no se han estrechado las manos y se han hablado aunque no se han escuchado.

Yo,  entre otros muchos oficios, no podría ejercer el de político, porque tendería a ciscarme en varias generaciones consecutivas de mi oponente si antes he recibido de él insultos y desprecios, pero es cierto que para dedicarse al trabajo de estos dos personajes hay que tener el alma curtida, el cuerpo protegido y la mente controlada.

La conclusión que saco de la imagen de ayer, que no me sorprendió porque Rajoy dijo que si se vería con Sánchez  “le trataría como se merece”,  es que los españoles vamos de culo, cuesta arriba y con el viento en contra,  y que no nos merecemos lo que nos está pasando, aunque algunos han trabajado con denuedo para que lleguemos a este momento.

Las dos Españas nos están helando el corazón.

Diego Armario

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