HISTORIA DE UN CESE

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HISTORIA DE UN CESE

Lo que más extraño resultó del cese del consejero Baiget -porque la guerra abierta en el PDECat y su implosión descontrolada no pueden sorprender a nadie medianamente informado- fue que Puigdemont eligiera para sustituirle a Santi Vila, que piensa del proceso independentista exactamente lo mismo que Baiget e incluso cosas peores. Vila no tiene ningún interés en el conflicto directo y es partidario de un confortable pacto con el Estado. La elección de Puigdemont tiene una explicación concreta y no pasa porque los planteamientos políticos de Vila hayan cambiado sino por lo bien que el exalcalde se Figueras ha administrado su conocido sentido de la oportunidad.

El lunes a las 8:00, la coordinadora general del PDECat, Marta Pascal, citó a sus consejeros en la sede del partido para «conspirar» contra Puigdemont y sus alocados planes y tratar de trazar una estrategia para esquivar los abismos que Baiget había explicado en su tan polémica como realista entrevista que había salido publicada aquella misma mañana.

Acabada la reunión, Vila, que también estaba en ella porque piensa lo mismo que sus compañeros convergentes del rumbo que ha tomado el proceso, se dio cuenta de que aquella conspiración no iba a ninguna parte y que puestos a no poder frenar ni siquiera matizar la determinación del president, su mejor opción era congraciarse con él y corrió a contarle los detalles del encuentro, desde los nombres de los asistentes hasta lo que cada uno de ellos dijo. Lo hizo justo antes de la Ejecutiva del partido, que se celebró una hora y media más tarde en la misma sede de la calle Provenza.

Es cierto que Puigdemont desautorizó a Pascal cesando al consejero al que ella había ratificado pero es todavía más llamativo y salvaje que esta desautorización fue la respuesta a una conspiración en toda regla. Lo de Santi Vila y su quiebro es la mejor metáfora de dos realidades que se empiezan a imponer en Cataluña como en cualquier lugar donde el caos va tomando las riendas: la primera es que los que mandan prefieren a perros fieles que obedezcan -por muy perros que sean- que a políticos inteligentes que piensen y la segunda es que bienaventurados los oportunistas con alguna mercancía con la que traficar porque de ellos será la efímera gloria del momento.

Salvador Sostres ( ABC )

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