IGNORANTES EN EL PUESTO DE MANDO

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IGNORANTES EN EL PUESTO DE MANDO.

A Leopoldo López, encerrado en la cárcel de Ramo Verde, le han añadido a la condena de privación de libertad la prohibición de leer libros, según ha denunciado su mujer, Lilian Tintori.

La manía de quemar libros o prohibir su lectura es común a los totalitarios, porque saben que la única forma de no derrotar a un prisionero al que se le priva de libertad, es permitirle que su mente vuele fuera de las rejas.

La historia está llena de presos políticos que se sintieron libres desde sus celdas, porque se alimentaban de permanentes lecturas que les ayudaban a que su mente viajara a miles de kilómetros y que su carácter y su voluntad se formara en recias convicciones.

Algunos de ellos incluso aprendieron a leer en la cárcel y se animaron a escribir sus propias experiencias.
No es extraño que los que se sienten incómodos e inseguros con la libertad de sus oponentes teman sobre todo la fortaleza que da la lectura de un libro , por eso el indigente intelectual Nicolás Maduro mantiene encarcelado a Leopoldo Lopez y no cumple su palabra de canjearlo por el portorriqueño Oscar Lopez Rivera, indultado por Obama en los últimos días de su mandato.

Cuando un dirigente político iletrado es un patán, poco se puede hacer ante esta anomalía salvo ejercer el derecho democrático a no volver a elegirlo en las urnas, porque los que han hecho carrera sin apoyarse en el bastón de la lectura son irrecuperables.

No obstante la sociedad a veces asume con naturalidad que no tengan una mínima trayectoria académica. Se les vota y se les permite que falsifiquen sus currículos o que hagan trampas y copien tesis doctorales, sin avergonzarse ni avergonzar a quienes les sostienen en sus cargos.

El oficio de la ignorancia está mal considerado cuando la sociedad es sabia o al menos estudiosa, por eso los ágrafos e iletrados disimulan como un párroco en un burdel o un sicario en un entierro.

Pero puestos a señalar con el dedo creo que son más peligrosos aun los que tienen como referencia un solo libro que imponen a los demás como si fuese la Biblia, la Torah o el Corán.

Tanto Hitler como Mao, aficionados a la quema de libros, impusieron la lectura de “Mi lucha” o “El Libro rojo”, y dejaron por el camino a tantos fanáticos como muertos.

Diego Armario

One Comment

  • xcraterh19

    15/02/2017 at 16:30

    Lleva razón con los políticos y demás, esos que les arropan en sus correrías, aunque hay algo que me sorprende en cuanto a referencias de genocidas.
    Hitler, apellido. Mao, nombre. Stalin, apellido. Pol Pot, nombre y apellidos. No están todos y tampoco por orden de víctimas.

    Y en cuanto a los encarcelados, tienen otro sistema mejor, y además se puede aprender. El viaje astral. Es mejor en muchos aspectos, si dispones del conocimiento, puedes alejarte de la prisión, allí dejas el cuerpo, y no olvides volver antes del amanecer.

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