Il sorpasso es una alegoría del suicidio gratuito

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Il sorpasso es una alegoría del suicidio gratuito.

Está bien elegida la metáfora. Aunque no sé si sus usuarios lo saben. La insondable incultura de esos añejos apparatchiki que son Garzón e Iglesias asimila el término –cursimente, en italiano– con la estrategia, sin más, del PCI de los años de esplendor de Berlinguer: cuando los comunistas italianos, tras el desastre frentepopulista en Chile, planeaban la verosímil hipótesis de, con un definitivo acelerón político, dejar clavada a la sempiterna Democracia Cristiana de Andreotti y Moro.

También eso fue un suicidio. Il sorpasso acabó en pudrición. Un terrorismo sin el menor sentido se comió el sistema constitucional italiano. Al final, Partido Comunista como Democracia Cristiana, los dos únicos agentes políticos de Italia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se disolvieron en la nada. Y en la ausencia de herederos, Italia se abrió al tiempo de los grandes sinvergüenzas. Berlusconi ha sido sólo su versión más vistosa.

Y puede que hoy el favor más grande a las dos televisivas nulidades que son Garzón e Iglesias se lo estén haciendo quienes vocean el acuerdo de ambos como un izquierdista Frente Popular de consecuencias nefastas. Quienes usan esa expresión, «Frente Popular», debieran detenerse a considerar la historia del siglo XX. El populismo de Iglesias nada tiene que ver con un «izquierdismo». El populismo fue, en los años de entreguerras, forma germinal de lo que acabaría por cristalizar como fascismo. Aunque su origen estuviera en el mesianismo ruso de final del XIX, una de cuyas creyentes fue la autora del atentado que acabó con la vida de Lenin.

Y claro que esa alianza Garzón-Iglesias tiene un precedente. Pero su nombre no es el del Frente Popular promovido por Dimitrov contra el populismo. La alianza Garzón-Iglesias, esto es, la alianza entre el rancio estalinismo y el juvenil fascismo, se corresponde milimétricamente con un acontecimiento del año 1939: el Pacto Molotov-Ribbentrop, aquel acuerdo que selló, durante casi dos años (entre agosto del 39 y junio del 41), el reparto militar del continente entre Stalin y Hitler. Acabó en matanza mutua. Por supuesto. Después de haber sembrado la matanza en toda Europa.

Puede que los joviales discípulos de Schmitt, Laclau, Perón y Chávez no tengan nada que perder en esta apuesta. Al final, las bandas populistas y fascistas salen siempre beneficiadas en las grandes pudriciones. Pero tal vez los viejos militantes comunistas que queden en IU tengan aún memoria. ¡Bienvenidos al sorpasso! ¡Bienvenidos al suicidio!

Gabriel Albiac ( ABC )

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