IMPRESENTABLE POLITIZACIÓN DE LA CRISIS DE LAVAPIES

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IMPRESENTABLE POLITIZACIÓN DE LA CRISIS DE LAVAPIES

EL EQUIPO de Gobierno de Manuela Carmena había dado muestras hasta ahora de su insolvencia a la hora de afrontar los asuntos ordinarios de la capital de España. Desde el jueves por la noche sabemos también de su ineficacia -cuando no de su abierta complicidad- a la hora de encarar un episodio de crisis. Desde el primer momento ha sido desastrosa la gestión de Ahora Madrid de los disturbios desatados en el barrio de Lavapiés tras la muerte del joven senegalés Mame Mbaye.

A la lentitud en la reacción institucional del Ayuntamiento, se sumó la falta de reflejos de la alcaldesa -que tardó un día en suspender un viaje intrascendente a París- y la endeblez mostrada para defender el modelo de convivencia que tradicionalmente ha caracterizado a la capital. Con todo, la reacción más lacerante llegó de boca de algunos concejales de Ahora Madrid, culpables de deslizar el bulo que desató el caos callejero. Unos, como Rommy Arce, insinuaron la culpabilidad de la Policía en la muerte del mantero. Otros, como Jorge García Castaño, culparon de este desgraciado óbito nada menos que al “sistema capitalista”. El populismo siempre encuentra solemnes subterfugios con los que tapar sus fracasos concretos.

La realidad es que, tal como señala el atestado de la Policía Municipal, Mbaye no murió como consecuencia de una persecución policial sino por un paro cardíaco. De hecho, la operación contra el top manta se desarrolló con anterioridad en la Puerta del Sol, y fueron varios agentes de la Policía madrileña los que auxiliaron al finado. De ahí que resulten injustificables las acusaciones formuladas por parte de algunos dirigentes de Podemos o de varias ONG, que han llegado a denunciar una violación de los derechos humanos, blandiendo infames mantras populistas como “brutalidad policial” y “racismo institucional”. La alcaldesa Carmena, desde París, publicó un tuit el jueves por la noche en el que se le olvidó hacer un llamamiento a la calma y anunció una investigación, ya que la versión de algunos vecinos y los compatriotas del joven senegalés señalaba directamente a los agentes.

Su primera teniente de alcalde no se personó en Lavapiés hasta bien entrada la noche del jueves y la primera rueda de prensa del equipo de Gobierno se demoró casi 24 horas después del fallecimiento de Mbaye. Las protestas -con razón- que elevó la izquierda cuando Ana Botella ignoró la magnitud de la tragedia del Madrid Arena por encontrarse fuera de España contrastan con el silencio hipócrita de las últimas horas ante la inhibición de Carmena en la crisis de Lavapiés.

Aunque el concejal de Seguridad sí defendió la actuación de la Policía Municipal, resulta inaudito que varios concejales de Ahora Madrid y dirigentes de Podemos, como Pablo Iglesias o Ramón Espinar, se permitieran dar muestras públicas de complicidad con los radicales antisistema. No sólo sembrando la sospecha sobre la actuación policial, sino alentando la revuelta social hacia los agentes. Algo especialmente bochornoso teniendo en cuenta que fueron los efectivos antidisturbios quienes preservaron el orden público tras la violencia desatada a raíz del fallecimiento del mantero.

Los graves disturbios registrados durante los dos últimos días son inaceptables en nuestra capital. Como impresentable es el cínico coqueteo con la violencia de Ahora Madrid y Podemos, que se aferran a la nostalgia antisistema sin reparar en la contradicción que supone hacerlo cuando ostenta el Gobierno de la primera ciudad de España. Ni Madrid es el París de las banlieues, ni Lavapiés es un gueto, ni el inmigrante sufre persecución en este país mientras respete la ley.

La responsabilidad política de los incidentes en Lavapiés recae sobre el Ayuntamiento de Madrid. Carmena no sólo está obligada a depurar responsabilidades sino a un profundo ejercicio de autocrítica y de revisión sobre las competencias y la autoridad de sus ediles y de ella misma.

El Mundo