INDISCRETOS

PUCHIMO

INDISCRETOS

Los ruidosos terminan siendo inocuos. Cuando dices y escribes de más, acabas metiendo la pata. Entre los muchos enemigos del infeliz Puigdemont –además del Estado de Derecho, la democracia, el sentido común, sus fabulaciones y la decadencia social de su entorno– destaca su irrefrenable verborrea. Sermonear sin límite.

Esa pasión por hablar para no decir nada le traicionó el martes, no sabemos si de manera calculada, en esa ventana al mundo que todos llevamos en nuestro bolsillo. En su móvil escribió que se siente derrotado y que la España democrática y avanzada ha vencido a su crepuscular sueño decimonónico.

Suele argumentarse que los grandes hombres, los hacedores de nobles empresas y carentes de aversión al riesgo, guardan en silencio sus pensamientos, sobre todo para no alertar al enemigo.

La impostura de querer aparentar lo contrario de lo que se piensa suele fracasar desmontada por la indiscreción del alma atormentada. Puigdemont ha dejado su epílogo en la prosaica pantalla de un teléfono.

El Astrolabio ( ABC )