INGOBERNABLES

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INGOBERNABLES

Quién nos lo iba a decir, pero parece que los únicos que echan de menos un Gobierno catalán son los del Gobierno del Estado. Los independentistas, los mismos que se supone que sólo querían perpetuarse en el poder, se encuentran cada vez más cómodos en la parálisis institucional catalana que en la gestión de “las migajas de la autonomía”. La situación es el colmo de esa conjura de los irresponsables de la que habla Jordi Amat, es decir; la renuncia definitiva a la políti(quería); el rechazo último del poder autonómico, que se descubre ahora, y quién sabe si definitivamente, como un poder de cartón piedra.

Y así, mientras el Estado se muestra cada día más ansioso por tener al independentismo en el Gobierno y, por lo tanto, en la ley, el independentismo cada día echa menos en falta el poder, porque cada día está más convencido de que nunca ha tenido ni podrá tener un poder real. Entre un poder sometido al Gobierno, la Constitución, las leyes y los tribunales españoles, y la nada, el independentismo le va cogiendo simpatía a la nada. Y sólo faltaría que esta nueva polémica sobre la inmersión lingüística sirviese para que los colegios que incumplían la ley catalana puedan seguir igual pero sin disimulo y quienes la cumplían no noten ninguna diferencia; que sirviese para demostrar que ya da lo mismo quién gobierne la Generalitat porque los catalanes nos hemos vuelto ingobernables.

Porque así, el éxito del procés no pasaría tanto por lograr autogobernarse como por impedir ser gobernados. Porque donde hacer política es sinónimo de hacer país, el Gobierno de la nación no puede confundirse con la Administración del Estado. Y si lo único a lo que se puede aspirar es a la Administración de la autonomía, qué más dará quién ingrese el sueldo a los funcionarios o salde cuentas con las farmacias.

Desde que Puigdemont se instaló en Bruselas, se ha discutido mucho sobre la posibilidad de que haya un Gobierno técnico en Cataluña. Pero esta discusión sólo ha servido para convencer al independentismo de que, en realidad, todo Gobierno catalán, todo Gobierno en Cataluña, es necesariamente técnico; puro apéndice de la “Administración del Estado”. Para seguir “gobernando la nación”, para seguir fent país, el independentismo no necesita, no puede, contar con un (nuevo) Gobierno técnico; le basta y le sobra, en cambio, con un presidente simbólico en Bruselas.

Ferran Caballero ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor