EL JAQUE MATE DE RAJOY

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EL JAQUE MATE DE RAJOY

Nadie que razone fuera del sectarismo negará a Mariano Rajoy el acierto de su política económica y de su reforma laboral. A pesar de todas las aristas, la prima de riesgo, que alcanzó los 634 puntos en 2012, se mantiene hoy en el entorno de los 100. El déficit, tras rozar los dos dígitos en 2011, cumplirá este año las severas exigencias de Europa. La creación de empleo supera el medio millón anual. Las cifras del PIB mejoran los resultados de los grandes países europeos. Los datos macroeconómicos, en fin, salvo la deuda agobiante, pueden calificarse de excelentes, aunque su repercusión en la microeconomía, que es la que da votos, apenas se han notado.

La política de Rajoy sobre Cataluña, sin embargo, ha sido una catástrofe que nos ha conducido a la angustia de las últimas semanas. La sandez arriólica del “no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico” ha facilitado el órdago secesionista. A todos los Gobiernos de la democracia les alcanza la responsabilidad de lo que ha ocurrido en Cataluña, sobre todo a Suárez y su café para todos, a las ocurrencias de Zapatero y al pasotismo de Rajoy.

Habrá que convenir, sin embargo, que, tras las jornadas bananeras del 6 y 7 de septiembre, el presidente ha actuado con eficacia. Consiguió el apoyo de Ciudadanos y también del PSOE, cosa nada fácil por la hostilidad con que le distingue Pedro Sánchez. Ha sabido cargarse de razones jurídicas y ha denunciado ante la opinión pública la sarta de mentiras de Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras, el pobre Arturo Mas, el presunto traidor Jose Luis Trapero y la taimada Carmen Forcadell.

Y a las cuatro horas de que se consumara el golpe de Estado, destituyó, tras el parapeto jurídico del 155, al Govern independentista, disolvió el Parlamento catalán y convocó elecciones para el 21 de diciembre. Esta última decisión roza el riesgo abismal. Podría haberse aplazado unos meses pero Rajoy ha jugado sus cartas con sorprendente audacia y, además, ha dado jaque mate a Puigdemont con la manifestación del domingo.

Rajoy debe olvidarse ahora de las merengosidades y de los pasteleos tan queridos para él y poner sin contemplaciones a disposición de los jueces a los golpistas. El presidente debe estar consciente de que si pierde la partida en los 55 días del 155, habrá concluido su vida política y la Historia le escarnecerá.

Luis María Anson ( El Mundo )