JINETE DE LA TORMENTA

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JINETE DE LA TORMENTA

Antes de ser desfigurada por el relincho del caballo salvaje, la voz de barítono del cantante de The Doors fue la voz de la contracultura, la de la brecha generacional de los 70; personalidad y sexualidad rebosada, comiéndose el escenario a dentelladas salvajes. Mesías de la rebeldía. Jim Morrison. El rey lagarto sigue siendo uno de los cantantes más icónicos e influyentes de toda la historia del rock: un antes y un después. Un paso cambiado que escribió la historia.

Pedro Sánchez también es joven y guapo, tierno y lozano y, a su manera, también conduce una insubordinación; un rey lagarto al que, a la fuerza, le van saliendo escamas; ¿un antes y un después? Al titán de la militancia, el renacido y restituido secretario general del PSOE, se lo han inventado, sin pretenderlo, sus implacables enemigos cuando le han puesto en bandeja la nota destemplada de un toque de arrebato contra las golpistas camarillas apparatchiks de Ferraz.

La Brunete felipista conceptuó ella misma un mesías rebelde que les ha expulsado, con bastonazos primarios, de su propio templo. Un mesías de puño cerrado en alto y cantante de La Internacional en sotto voce, que en su anterior secretariado etiquetaba de populista a Podemos y, después de viajar a Lisboa para acariciar con la mano izquierda el modelo portugués, destiñó el rojo en naranja tendiendo la derecha al Ciudadanos de Rivera y que ahora, porque “somos la izquierda” –again– anega con soflamas de catálogo progre el Palacio Municipal de Congresos en Madrid, donde 1035 delegados, que representan a todas las federaciones del partido, están reunidos celebrando su 39º Congreso. Agua y aceite sumados con fórceps jenízaros. Guerra fría soterrada.

Celajes de tempestad en el horizonte lejano, viejo aparato eléctrico que reserva, con la cabeza gacha, su artillería de estrépitos, a la espera, enrocado, de la tercera debacle. Sánchez -¿o su ego?- diseña su proyecto personalista, el tercero en tres años: avanza que quiere darle la vuelta al Estado Autonómico y convertirlo en “plurinacional”, que España sea una nación de naciones.

Para eso necesitaría dos tercios en el Congreso y aprobarlo en referéndum. ¿Tiene talla, talento político y disposición para meter el dedo en el ojo del huracán? O ¿qué sentido puede Sánchez darle al PSOE si antes de que termine la legislatura no consigue articular una moción que descabalgue del Gobierno al testigo del juicio de la Gürtel…? Con contados apoyos territoriales, el enemigo en casa y sin aliados políticos ni mediáticos, está sentado a horcajadas sobre un trono gaseoso de nubes plomizas. Jinete en la tormenta, ¿o un anuncio pinturero de Marlboro?

Julio Rey( El Mundo )

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