JUNQUERAS Y LOS COMUNEROS

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JUNQUERAS Y LOS COMUNEROS

Pasarán más de 10 años para recuperar la paz civil en Cataluña y, por lo tanto, en España. El procés ha cambiado de forma y los rebeldes han pasado de los gestos de desafío a los de autodefensa. No están de moda los héroes que quieren cambiar la historia. Se aclama más a los deportistas y a los cantantes que a los líderes políticos. Los héroes de hoy suelen ser desconocidos, gente que vive con los ratones en los laboratorios, no políticos que proponen utopías que acaban en catástrofes.

Los separatistas de Cataluña han bajado el nivel del desafío. Sólo Puigdemontaguanta el tirón y reta cada día a Europa y al Estado español. Expresa su valentía en Flandes pero, si no se arriesga a hacer el paseíllo en el ruedo de la cabila, quedará muy mal parecido en su retrato para la historia. Los dos cabecillas, él y Junqueras, pelean más, como escribía ayer, por su libertad que por la de Cataluña.

Junqueras, preso en Estremera, ha forzado la pose, entre trágica y grotesca, de héroe a la fuerza. No deja de hacer frases para la historia que lean los niños republicanos del futuro. Pretencioso y vulgar, antes de comparecer ante el TS ha dicho: “Me clavo en el pecho la espada que ya no me sirve para combatir”. Lleva en Estremera desde el 2 de noviembre y se comprende su deseo de salir de la sombra. Su táctica política de “suavidad en las formas, firmeza en el fondo”, se ha ido resquebrajando porque es muy duro escuchar los pasos de asesinos.

A pesar de que el heroísmo es un peligro y se ha pasado de moda, se puede recordar que también tiene geografía e historia. Me he acordado estos días del cuadro pintado en pleno Romanticismo por Gisbert, que refleja el momento de la ejecución de los comuneros de Castilla. Padilla, el caudillo de la rebelión, les dice a Juan Bravo: “Señor Bravo: ayer era día de pelear como caballero… hoy día de morir como cristiano”. El cuadro pasa inadvertido en el Congreso aunque nos enseña que también Castilla luchó por sus libertades. Los comuneros se sublevaron contra el poder absoluto y la excesiva recaudación de impuestos.

Fueron decapitados por un verdugo con una espada de grandes dimensiones. Todo empezó cuando Carlos I se negaba a aceptar los fueros de Castilla y las Cortes le recordaron que si no las acataba, no sería reconocido como rey de España. El emperador tragó y le recordaron: “Habéis de saber señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación”. Carlos intentó transformar la monarquía feudal en monarquía y estalló la guerra civil. “El emperador -escribía Marx– atacó los pilares de la libertad española: las Cortes y los ayuntamientos”. Y en la derrota, los castellanos se comportaron como verdaderos héroes.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor