La abstención, tarde pero acertada

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La abstención, tarde pero acertada.

El Comité Federal del PSOE culminó el viraje que comenzó con la dimisión de Pedro Sánchez y aprobó ayer por amplia mayoría su abstención ante la investidura de Mariano Rajoy, quien será nuevamente presidente del Gobierno de España. La situación no tiene precedentes en la democracia española, pero si está siendo traumática para los socialistas se debe en gran medida a su error de análisis sobre el resultado de las elecciones generales celebradas el 20 de diciembre de 2015. Pudieron entonces, con más escaños el PSOE y menos el PP, haber permitido lo que ahora se han visto obligados a aceptar; y todos, empezando por España y siguiendo por ellos, habrían salido ganando. Cuando las decisiones críticas se toman tarde, con urgencia y sin formar consensos, tienen efectos negativos.

El PSOE es hoy un partido al que tomar una decisión responsable y beneficiosa para España le ha provocado una fractura interna cuyas dimensiones aún no están medidas. Dependerán de cómo sepan resistir el acoso que ayer mismo comenzó Pablo Iglesias al acusar a los socialistas de crear una «gran coalición» con el PP; y dependerán de que la organización interna del partido sea capaz de absorber y canalizar las tensiones que generará no solo la abstención ante Rajoy, sino también la pugna por el poder dentro de la formación. La renovación del PSOE ya no es una opción.

Ahora bien, por el momento el PSOE solo asegura una abstención que no tiene aún formato definido y cuya plasmación en la votación -abstención en bloque o abstención «suficiente» de once diputados- puede ser fuente de nuevos conflictos. Por eso, la legislatura que se abrirá en pocos días puede estar marcada por la voluntad de los socialistas de compensar la abstención con una oposición destructiva, que traslade al Parlamento, para ejercerlas, las funciones que corresponden al Gobierno de la Nación. La tentación socialista es investir a Rajoy, pero impedir que gobierne.

Es evidente que el PSOE no puede ni debe hacerse invisible, pero su abstención demostrará que está convocado a ser corresponsable, junto con el PP, de la estabilidad institucional del país, que va más allá de la solidez del futuro Gobierno de Rajoy. Por eso, aunque el PP deberá esforzarse en impulsar políticas de consenso real -es decir, haciendo lo posible por sumar a los socialistas-, el PSOE ha de asumir que con su abstención no se acaba su compromiso con el país, sino que empieza de verdad y continúa con un pacto sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Los socialistas no deben regodearse en la mayoría parlamentaria que puede forjarse contra el PP, porque Rajoy siempre tendrá el mando de unas nuevas elecciones generales si su Gobierno queda encerrado en un bloqueo parlamentario liderado por el PSOE.

ABC

 

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