La Barbie de la política española

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La Barbie de la política española.

Pablo Iglesias ha dicho en una entrevista concedida al periódico EL MUNDO que está harto de las Barbies y los Ken de la política. ¿Pero qué otra cosa es Pablo que una Barbie de la política?

España en su desorientación, y su permanente inmadurez, tiende a tomar en serio cualquier broma, por pesada que sea. Hay un gusto muy español por el drama, por llevar un punto más allá de la mera especulación cualquier fiesta de fuegos de artificio, como ha sido el caso de Barbie Iglesias durante los últimos meses.

Nuestro Pablo no es más que una muñeca, y a estas alturas una muñeca rota, de la política española. Pablo Iglesias no es más que un fantasma en una tienda de sábanas, un pedante engreído en una plaza de quejicas, un Narciso frente al agrietado espejo de un país tan acostumbrado al bienestar y al excedente, que ya no es capaz de sobreponerse a las dificultades con ninguna hombría, y se lanza a los brazos de cualquier patán que le perdone la vida aunque sea no más que con ideas equivicadas, discursos que no se los toleraríamos ni al taxista, y las más baratas y vergonzosas mentiras.

Pablo Iglesias dice estar harto de las Barbies de la política cuando él no ha pasado de muñeca pepona de esas que cuando les acaricias la barriguita se hacen pis encima. Los que con cuatro tertulias le han convertido en la mascota de los holgazanes, han demostrado una vez más su nivel intelectual, moral y político; y su gran cinismo de ricos empresarios de la comunicación que se dedican a ganar dinero explotando la ignorancia de los pobres, y su desesperación, en esta apasionante capacidad que tiene siempre la izquierda mediática -cuando ya ni nosotros lo esperábamos- de descender un peldaño más.

Salvador Sostres ( ABC )

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