LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

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LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Primero fue el posicionamiento de Bescansa y luego su desplazamiento. Así funcionan los partidos centralizados y personalistas. Las facciones lo debilitan. Iglesias concibe a Podemos como un partido-Estado. Su modelo es de partido único. Interpreta la crítica interna como una desviación del propósito. El «fraccionalismo» es una falta grave pues atenta contra el sacro principio de unidad de voluntad. Bescansa, desde su beatífica equidistancia, censuró el procés y advirtió a Iglesias de su miopía. Y él la purgó.

Iglesias cree que los partidos del «régimen» constitucional que aspira a derrocar crearon «un cementerio social» sobre el que no es posible edificar una nueva casa común porque los espíritus siempre regresan. Lo denominó, en el uso indiscriminado de cultura popular, «efecto Poltergeist». Los partidos que integran lo que ahora llama «bloque monárquico» no son aptos para construir el nuevo modelo de convivencia porque nunca estaría «libre de fantasmas».

El líder se resiste a cerrar el ciclo electoral. Sufre pesadillas: la normalidad institucional le atenaza. Se le aparecen sus propios zombies. Errejón sostiene que Podemos abrió brecha en el plano institucional y aceleró el tiempo histórico. Pero la tensión ha disminuido. Iglesias replica: «Si nos subordinamos a la lógica institucional, nos disolveremos; y si nos limitamos a lo conocido y ya transitado, nos autoexcluiremos. La dialéctica movimiento-institución (…) debe servir para avanzar en la transformación y superación del orden institucional actual». Por eso se suma fervoroso a cada intento de derribo. Se guía por la secuencia oportunidad, agitación, subversión.

Cuando Bescansa dice que Podemos se ha olvidado de construir un proyecto de país y que Iglesias se ha identificado con los independentistas no sólo previene de un riesgo para la formación, reubica un debate de fondo que invoca a los espíritus de Vistalegre II. El colaboracionista Errejón sostiene desde entonces que el sistema ha dado sobradas muestras de resistencia. Sin embargo, el PP tiene flancos débiles, potenciados porque en el imaginario colectivo permanece ligado a la corrupción y los recortes.

Comparte objetivos con Iglesias aunque difiera en el método. Considera que a la espera del momento reconstituyente, Podemos debe ser útil. Su objetivo es ganar la próxima década, o sea, generación. Para ello es imprescindible «frenar y derrotar la ofensiva oligárquica, deconstituyente y recentralizadora liderada por el PP». Le recuerda a Iglesias que no será posible hacerlo en solitario. Bescansa le acompaña en este viaje.

Por el contrario, Iglesias cree que el sistema hace aguas y el PP no está tan débil como parece. Cree que los populares tienen secuestrado al sistema con la complicidad del resto de fuerzas. Por eso aprovecha cada ocasión de erosión. Reivindica, como Bescansa, las tramposas categorías de diálogo y referéndum pactado, pero como ninguna incluye elementos diferenciadores, acabó por acelerar el ritmo cíclico de la Historia, esclavo siempre de sus propias pulsiones y zambullirse en su onírico 1917.

Javier Redondo ( El Mundo )