LA CATARSIS

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LA CATARSIS

Manuel Delgado Ruiz, doctor antropólogo y profesor del Instituto Catalán de Antropología, está preocupado como separatista que es ante la posibilidad de que finalmente el gobierno español, que durante años ha mirado hacia otro lado mientras la Generalidat preparaba hasta en sus detalles el golpe de Estado, tome alguna decisión para poner fin a la mayor agresión que sufre España desde la guerra. Ha dicho este Manuel Delgado Ruiz, que no es un sucio niñato de las CUP sino un miserable de edad avanzada, que «la única opción que tiene el estado español es gasear a la mitad de los catalanes».

Sí, tienen razón quienes piensan que un disparate así no debiera utilizarse siquiera como pretexto para una columna. Y sin embargo, permítanme que utilice a este tiparraco para argumentar por qué el grado de victimismo a que ha llevado el paranoico relato nacionalista hace inevitable y urgente que se asuman los sacrificios inevitables para acabar con la pesadilla separatista. Hay que rescatar a los catalanes sanos que son la mayoría y poner bajo custodia a los que como Manuel Delgado Ruiz son un peligro inmediato para los demás y para sí mismos.

El gobierno debió acabar con esta deriva hace mucho. Antes de que Manuel Delgado Ruiz, un satisfecho miembro de una de las comunidades humanas más privilegiadas del mundo, sí, del mundo, que es Cataluña, creyera estar prisionero en un transporte hacia un campo de concentración para ser llevado a una cámara de gas. No hablemos de la inmensa ofensa para las víctimas del Holocausto. Ni del grado de necedad y vileza que revela la frase. Tampoco se asuma que todos los enfermos de ese victimismo hayan llegado a la cota de depravación moral de Manuel Delgado Ruiz. Y quede claro que el gobierno español tiene culpa de que este hombre y otros hayan caído tan bajo.

Dicho eso, ahora urge la enmienda. La catarsis que será dolorosa. España está ante su prueba más dura desde su Guerra Civil. Pero menos que si se posterga una vez más por falta de coraje u otros cálculos interesados que puedan estar haciendo quienes en ese gobierno con tan poco éxito se han dedicado hasta ahora a «solucionar» la cuestión catalana. Cierto que deberían haber dimitido por su espantoso fracaso, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría la primera.

Pero a estas alturas no se espera de este gobierno ejemplaridad de ningún tipo. Sino esa corrección de sus errores que tanto daño han hecho al no intervenir antes la autonomía catalana. Que cumpla de una vez por todas con su obligación de defender la unidad de España y proteger a la mayoría de los catalanes del peligro de gentes como Manuel Delgado Ruiz, Anna GabrielOriol Junqueras y Carlos Puigdemont. Estos enemigos de España están enajenados. El Estado ha de imponer el orden antes de que ellos nos impongan su pesadilla y el caos.

Hermann Tertsch ( ABC )

viñeta de Linda Dalmor