La Caza

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La Caza.

Los hocicos de los lobos siguen el rastro de la sangre. El alcalde de Granada, detenido y puesto en libertad con cargos, le hace la peineta a su partido y se niega a dimitir después de acusar a la cúpula de Interior, en manos correligionarias, de ordenar su caída en desgracia. El ministro de Industria, una especie de Trotsky en versión platanera, desaparece de la foto de familia del leninismo monclovita después de arruinar su reputación en el oprobioso cadalso de la mentira. Una triste parodia del ave fénix, aquel banquero finisecular que de madrugada le susurraba por teléfono sus proezas sexuales al Rey mientras media España le ponía como ejemplo a seguir, regresa a la cárcel por blanquear chapuceramente el fruto de sus fechorías pasadas.

Un ex presidente del Gobierno, acorralado por la Agencia Tributaria, y un Óscar de Hollywood, pillado infraganti en la ominosa playa de un paraíso fiscal, se suman a la procesión de gigantes y cabezudos que recorre el esperpéntico callejón del gato de la iconoclasia nacional. Y, por si fuera poco, pillan con las manos en la masa de la burda extorsión a sus propias víctimas a los dos justicieros que más presumían de conducir a los poderosos ante las fauces de la Justicia. Todo esto ha ocurrido en la última semana. Parece como si en los minutos basura de esta legislatura que se resiste a morir se hubieran liberando los últimos humores pestilentes de su encarnadura cadavérica.

http://www.libertaddigital.com/opinion/luis-herrero/la-caza-78717/

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