La champions league de la mediocridad

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La champions league de la mediocridad

Hoy he leído y compartido un artículo de la escritora Carmen Posadas sobre el inagotable tema de la mediocridad de los poderosos.

Ella lo titula “El mundo es de los mediocres”, y el único matiz que voy a añadir a sus reflexiones fundadas sobre la figura de Joseph Stalin, es que los mediocres son los más osados y por eso se sitúan en los estamentos del poder para sobrevivir sin tener que competir con las personas inteligentes, porque de no ser así estarían condenados a una derrota sin paliativos.

Eso explica que la competición por el poder esté reservada a los arribistas y no a los estadistas que solo surgen cuando el mundo está a punto de pararse, y es entonces cuando aceptan implicarse activamente en la política de forma temporal, hasta que regresa la normalidad, y con ella los mediocres.

Dice Carmen Posadas que “los mediocres no serían tan peligrosos si, una vez alcanzada su meta, dejaran de pensar como tales”, pero eso significaría que habrían dejado de serlo y ya no pensarían como timoratos acomplejados y rencorosos.

La cuestión que yo me planteo es si los que votan a los mediocres también lo son, o si por el contrario los ilustrados, con un cierto nivel de responsabilidad y de ética en tiempos de crisis, se retiran de sus compromisos cívicos cuando se supera esa situación, para dejar en manos de la morralla social y cultural de un país la gestión de su día a día.

Quien así actúa abandona su derecho a protestar porque, como dijo Adenauer, “La política es algo demasiado importante como para dejársela solo a los políticos”.

En estos tiempos están de enhorabuena los indocumentados personajes que han pasado del paro y del trabajo temporal o discontinuo al cobro de cuatro mil euros mensuales por echar una siesta en los escaños y despertarse, a ratos, para pedir la independencia de Cataluña y del resto de las provincias de España.

No están solos. Más bien están de moda en todo el mundo porque una eclosión de indigencia intelectual y moral ha traspasado las fronteras de Europa para llegar allende los mares, y hoy se cuestiona todo lo que durante siglos fue identidad de los pueblos – naciones para ponerlo en almoneda.

Sería injusto si obviara que en el parlamento también hay “encorbatados” que no merecen ocupar esos escaños por razón de su inutilidad, desvergüenza o falta de patriotismo, una virtud venida a menos, que no se estila en estos tiempos en los que lo moderno es condenar la toma de Granada y jalear a quienes quieren que España regrese al Califato.

Si obviamos otro tipo de virtudes o cualidades que sería menester que tuviesen nuestros líderes políticos, y sólo nos detenemos unos minutos a analizar la experiencia y el currículo profesional de los que quieren presidir el gobierno de nuestro país, no tenemos más remedio que sacarnos el carné de pesimistas profesionales.

Vivimos malos e inciertos tiempos y en el caso de que fuese cierto que el mundo es de los mediocres, España volvería a estar en la “Champions ligue del desastre”, en infeliz frase de Rodríguez Zapatero.

Diego Armario

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