LA CONDENA DE ARTUR MAS

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LA CONDENA DE ARTUR MAS

La condena de Artur Mas a dos años de inhabilitación por desobedecer al Tribunal Constitucional –un año y seis meses, para la exconsejera de Educación Irene Rigau; un año y nueve meses, para la ex vicepresidenta Joana Ortega– es lo bastante leve y lo bastante dura como para dejar abiertas todas las salidas políticas al problema secesionista.

El caso llegará ahora al Tribunal Supremo, que podrá confirmar, endurecer o aliviar la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. El juicio a Francesc Homs por el mismo referéndum ilegal acaba de quedar visto para sentencia en el mismo Tribunal Supremo, que anticipará, así, su criterio sobre la revisión de la sentencia del expresidente Mas.

Mientras, el Gobierno sigue jugando a la ducha escocesa con los líderes secesionistas. Diálogo o estacazo, el grifo de los besos o el de las sentencias: la estrategia parece estar funcionando.

Las bazas del juego siguen acumulándose en el mismo lado. Cada vez hay más decisiones de supervivencia para Artur Mas y los suyos que dependen de hacia dónde incline la mano el presidente Rajoy. Pierden los duros de uno y otro lado: ni suspensión de la Autonomía de Cataluña ni declaración unilateral de independencia. Gana la pareja política del año, Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras. Aunque ya se sabe que, en la política como en la vida, el triunfo y el fracaso nunca son definitivos.

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