LA CORRUPCIÓN NO ES EL PROBLEMA

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LA CORRUPCIÓN NO ES EL PROBLEMA

La misma corrupción que ha hundido a la familia Pujol y a Convergència y ha dejado el proceso independentista tocado de muerte ha afectado al Partido Popular pero continúa siendo el primer partido de España y Mariano Rajoy el presidente del Gobierno.

Ni el problema es la corrupción ni la solución es la honradez. Lo que ha hundido a Convergència es que se ha movido del centro ordenado en el que estaba cómoda e inteligentemente instalada y ha dejado de empatar con el conservadurismo de fondo de la sociedad catalana, ese conservadurismo pragmático y preidelógico que tiene que ver con la seguridad, la estabilidad, la prosperidad y todo aquello por lo que inventamos la propiedad privada, que es el eje fundamental de nuestra convivencia y de nuestro sistema de libertades.

Convergència, por querer primero parecerse a Esquerra y por querer luego agradar a la CUP, se fue automarginando al rincón de los extremistas solitarios. Si la CiU de Pujol y Duran i Lleida ocupaba la centralidad segura de la política catalana, tenía vocación mayoritaria y podía llegar a acuerdos puntuales o de gobernabilidad con cualquier otra formación, la Convergència escindida de Artur Mas y el engendro refundado del PDeCAT agoniza en la marginalidad, sin credibilidad entre los independentistas, que prefieren a Junqueras, y absolutamente desacreditado como partido alfa, como el «partido de los propietarios» que es el que vertebra cualquier sociedad avanzada.

Los errores de Artur Mas dejaron a su partido en la intemperie y eso fue lo que verdaderamente destrozó uno de los proyectos políticos españoles más sólidos y estables desde la restauración democrática. El vendaval de los Pujol solo ha sido el castillo de fuegos que certifica el fin de una era.

La derecha –como la Iglesia– resiste mucho mejor cuando no se mueve, y Rajoy no ha cedido ni a la propaganda de la izquierda ni a la histeria de los tertulianos y ha avanzado a su ritmo político sin dejarse amedrentar por gurús, agoreros o niñatos que confundieron la política con un concurso de belleza.

En su estilo indefinible, ha construido una épica de su falta de épica y de su poca gracia con los medios. Con todo ello ha logrado que en tiempos de populismos y zozobra los españoles le hayan continuado confiando la protección de su bienestar y de sus intereses.

La corrupción le ha perjudicado pero el problema nunca es la corrupción y la solución siempre es la política y por eso y pese a todo ha ganado; y si se ve obligado a anticipar las elecciones, las volverá a ganar.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

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