La Corrupción

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La Corrupción.

Es mediocre rendirse al discurso de que todo es corrupción. Es barato quejarse tanto de los demás y exigirse tan poco a uno mismo. La culpa ajena es estéril y sólo cuenta el mérito personal.

Roma no cayó por la superioridad de los bárbaros sino cuando los romanos dejaron de entender, y de defender, la importancia y la superioridad de ser romanos. La izquierda no ganará porque sus nefastas teorías sean mejores, sino porque la derecha atontada ha dejado de creer en su superioridad, y está dejando de defender el mundo libre contra la barbarie.

Vivimos una época de maravillas y milagros, y en uno de los rincones más afortunados del planeta. Tendríamos que dar las gracias, y ser conscientes de lo mucho que podríamos perder. Tendríamos que cuidar con más esmero nuestra vida cotidiana de auténtico privilegio, y recordar lo mucho que nos ha costado ganar este espacio de merecida libertad.

La corrupción como realidad existe, pero es marginal a pesar de las exageraciones de los medios de comunicación comprados. La corrupción como argumento político es una cursilería de señoritas aficionadas que no sienten deseo de un mundo mejor.

La mayoría de los que hablan de corrupción en tercera persona tendrían que revisar sus vidas, y el reverso de sus alfombras. Para dar lecciones de pulcritud hay que ser muy valiente, y todavía más inconsciente.

Hay una España perezosa, incapaz, sombría y palestina que vive del aspaviento de la transparencia porque en realidad no tiene ninguna otra idea. Robar es feo y tiene que ser castigado.

Pero la mayor corrupción nunca será una suma de dinero sino la estrechez de espíritu, la incompetencia, continuar defendiendo lo que siempre ha causado miseria y muerte, y ese resentimiento de la izquierda, tan atroz y tan violento que todo lo acaba destruyendo.

Salvador Sostres ( ABC )

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