LA DEBILIDAD DE RAJOY

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LA DEBILIDAD DE RAJOY

El punto más débil de la presidencia de Mariano Rajoy forma parte de su fortaleza. Hecho a la idea como estaba de que podía mantenerse en el poder sin apenas problemas con el apoyo de Ciudadanos y la tolerancia del PSOE, se está topando de bruces con la realidad. Lo suyo no es un gobierno de coalición a la europea, con socios estables y líderes que se comportan en público conforme a lo que le manifiestan cuando hablan con él en privado. En cuanto le surge una contrariedad, le dejan solo.

El PSOE manejado por la gestora de Javier Fernández que le aprobó el techo de gasto a comienzos de año a cambio de una subida del salario mínimo ha dejado de ser lo que era. Susana Díaz, que tiene pánico a que Pedro Sánchez le sorprenda pactando con Rajoy, se niega a abrir negociación sobre los Presupuestos. El presidente del Gobierno y la de Andalucía hablan a menudo y Díaz se manifestó en principio comprensible a que el Ejecutivo llevara a cabo la reforma de la estibia que le exige Bruselas. Pero fue aprobar el decreto ley y ya estaba calificando la decisión ante los micrófonos del «típico ordeno y mando de Rajoy».

 Tampoco Ciudadanos ha dicho aún que votará que sí al decreto ley sobre los estibadores que tiene que aprobarse en el Congreso. De momento Albert Rivera concentra todas sus críticas al PP en la permanencia en el cargo del presidente de Murcia. Aunque le ampara la razón porque su acuerdo de investidura de Rajoy exige la dimisión de cualquier alto cargo imputado, se niega a esperar que Pedro Antonio Sánchez acuda a declarar, como le piden los populares. Rivera necesita distanciarse de su socio con cualquier oportunidad y no está dispuesto a dejar pasar ocasión tan bien servida.

El PP ha iniciado esta semana en el Congreso acercamientos a la antigua CiU para ver si le apoya los presupuestos. Tiene mérito ponerse a hablar con ese Homs a punto de ser juzgado por organizar el supuesto reférendum, a más a más después de que su jefe Puigdemont fuera contando su reunión secreta con Rajoy hasta que, según se dice, ERC lo filtrara para fastidiarle, en una deslealtad doble hacia sus socios de Barcelona y el gobierno de Madrid. Una contrariedad más que Rajoy lleva con la tranquilidad de quien sabe que en cualquier momento puede convocar unas elecciones que acaben con su actual debilidad.

Curri Valenzuela ( ABC )

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