La esclavitud de lo correcto

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La esclavitud de lo correcto.

Prohibir las corridas de toros en las Islas Baleares no va a arreglar ningún problema a los isleños. De hacerse, seguirá habiendo paro, quienes lo pasan mal continuarán con sus penurias y las listas de espera de la sanidad pública no se reducirán. Tampoco el archipiélago será ejemplo de logro alguno, ni su presidenta, la socialista Armengol, ganará por ello puesto de honor en la galería de la historia.

Es, sencillamente, un acto represivo. Como tantos otros. No son los toros ni la fiesta taurina los que corren peligro. Es la libertad. Creer que la libertad de opinar valida de por sí lo opinado es caminar sin brújula por el territorio de la imperfecta democracia. Eso me afecta a mí, pero también a quienes se revisten de una autoridad que no tienen y malversan el poder, invadiendo espacios que el ciudadano tiene ganados desde antiguo. Combatir la fiesta de los toros bajo el argumento del maltrato animal no resiste un mínimo contraste con la realidad. Cuando nos reducen el catálogo de lo que podemos hacer, nos convierten en esclavos.

El Astrolabio ABC

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