LA ESPAÑA REAL

principefex

LA ESPAÑA REAL

Creo que es la segunda vez que escribo sobre el Rey y en ambas ocasiones me lo han sugerido las palabras que ha empleado para referirse a Cataluña.

Ayer el jefe del Estado volvió a dar el nivel que algunos echamos de menos en los dirigentes políticos españoles en estos momentos de tormenta casi perfecta en los que corremos el riesgo de acabar contaminados por los más insanos aires de nuestra reciente historia.

Felipe VI es la única autoridad del Estado que a día de hoy provoca certidumbres tanto para los que apoyamos la unidad de España como para quienes quieren romperla. Cuando habla sobre este asunto lo hace con la claridad y contundencia que cualquier ciudadano tiene derecho a esperar de él. No se pierde entre las ramas ni cede a la oratoria difusa que da pie a interpretaciones, como tampoco está pendiente de qué dirán unos o criticarán otros.

Su trabajo consiste en ser un referente creible para los españoles y se empeña en cumplir con esa obligación lo mejor posible y sin dejar fisuras que cuestionen la credibilidad que a día de hoy mantiene intacta.

La ventaja que tenemos los españoles de hoy es que el Borbón no borbonea y da la sensación que pesan más en él los genes maternos que los del rey emérito. Tampoco es cuestión de minusvalorar su formación y su acreditada capacidad para decir con contundencia, sin que sus palabras suenen a exageradas, lo que le compete pronunciar en estos momentos tan graves.

Ayer en la entrega de los premios Princesa de Asturias, ante un escenario de gente que cultiva la excelencia intelectual y moral, dejó claro que en España hay mucho más nivel del que jalea nuestras calles a ritmo de eslogan, tópicos o mentiras calculadas.

Cuando se es el Jefe del Estado de un país como el nuestro sobran los complejos frente a los que no tienen más argumentos que el de una revolución pendiente permanentemente aplazada, y que hablan de una época que ya no existe, porque fracasó con la caída del muro.

Frente a esta realidad española y europea están los independentistas catalanes y sus socios antinatura de las CUP Al verlos y escucharlos nos damos cuente de que nos movemos en un nivel de cutrerio, de indigencia intelectual y de pobreza moral tan grande que, cuando alguien como Felipe VI habla sin tapujos ni palabras calculadas, se agradece porque eso es algo que no se estila en los tiempos que vivimos en esta España en decadencia.

La foto fija de nuestro país que están exportando los independentistas y quienes les apoyan está trucada. En estos momentos cualquier tipo o su su acepción femenina, generalmente en versión sobaco mal oliente que es el uniforme que se enfundan para dejar claro que la ideología es más fuerte cuanto mas sudado se vaya ( y el que dude de este axioma que se lo pregunte a la diputada de la CUP Anna Gabriel) puede proferir un despropósito con la garantía de que algunos programas de la SECTA le tendrán como invitado.

Reconozco que esa propaganda jaleada por los representantes de los partidos políticos que han tenido la desgracia de haber nacido en España, en vez de en Dinamarca, resulta cansina y aburre hasta la náusea, porque si al menos fuesen creativos y originales en sus mensajes resultarían soportables sus soflamas, pero no se les puede pedir que den más de si porque no tienen de dónde sacar nada nuevo .Son tan viejos como caducas sus ideas.

Yo comprendo a los independentistas por convicción que reclaman una Cataluña separada de España. Tambien entiendo a los oportunistas o ignorantes que piensan que les iría mejor, pero a los que no les otorgo ninguna consideración meceredora de respeto es a los bomberos pirómanos cuyo objetivo es cuanto peor mejor, entre los que se encuentran monjas y sociólogos y otros especímenes provenientes de otros países que pretenden dar lecciones de ética y democracia sin que les acompañe un currículum de ejemplaridad en ese terreno.

Menos mal que aquí hay mucha más gente buena y decente que la que insulta, grita y acosa a los que no piensan como ellos.

Diego Armario