LA ESTRELLADA

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LA ESTRELLADA

Hay algunas razones para defender que los miembros del gobierno desleal que acuden hoy a declarar no sean encarcelados preventivamente. Una poderosa es que acuden, al contrario que el Puigdemont. Y su razón correlacionada, que es la del arraigo. Si algo no se les puede negar es arraigo. ¡Lo bien que les habría ido un poco menos! Tampoco es probable la reiteración de su actividad delictiva; aunque, ciertamente, menos por su voluntad que por circunstancias técnicas. Por último está el genérico punto flaco de la prisión preventiva, que tantas veces solo es castigo preventivo. Ahora bien, si hay una supuesta razón que no debiera tener el más mínimo peso, y que ya empieza a apuntar por algunas comisuras socialdemócratas, es la del apaciguamiento. La hipótesis de que la cárcel podría impactar en el proceso electoral recién iniciado y avivar la llama y la rabia separatistas.

No creo que sea necesario discutir la repulsión moral que provoca ese punto de vista, aumentada por la evidencia del gran número de presos preventivos que maldicen en las cárceles españolas, entre los que hay incluso presos políticos como Ignacio González o Jordi Sánchez. Más interesante es discutir la aberración política del planteamiento. Buena parte de la fuerza y el prestigio nacionalista en España se ha basado en la estrategia de apaciguamiento practicada por los partidos españoles, que ha combinado la sostenida incomparecencia en el debate ideológico con la pura y simple complicidad.

Pero es que, además, el apaciguamiento fue hasta hace pocas semanas la respuesta estricta que dieron el gobierno y la oposición españolas al desarrollo de la maligna ficción separatista. Si hoy en Cataluña, y a pesar de los desastres profetizados à la Batasunà, no se mueve una hoja es porque desde el 1 de octubre el Estado cambió su política de desentendimiento por otra que consistió en ir detallando a los soberanistas, letra a letra, a los soberanistas cuál era el precio de la revolución que ensayaban.

Es fantasía sociológica o mera estrategia de la defensa el difundir que el separatismo crecerá si una juez decide que los presuntos rebeldes merecen la cárcel cautelar. No es solamente que el separatismo haya tocado techo; es que se ha dado un enorme cabezazo contra él. Más fundamento tendría sostener, por el contrario, que sería la seca aplicación de la justicia lo que provocaría cierta mella en el voto separatista. La dura lex favorecería que los ciudadanos de Cataluña que han dado su fanático e irresponsable apoyo a esta ficción maligna entendieran que el próximo 21 de diciembre no deben votar por el 155. Porque esto es lo que supondría seguir votando por la revolución estrellada.

Arcadi Espada ( El Mundo )