LA FACTURA

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LA FACTURA

El Tribunal de Cuentas le ha reclamado a Mas cinco millones de euros por los gastos indebidos del 9-N. Las facturas del Estado tardan en llegar pero siempre llegan y la democracia es también un hombre o un pueblo puesto ante el precio de aquello en lo que cree. Mas ante su precio ha reaccionado como un cobarde pidiendo limosna a los independentistas. Un hombre se paga sus fantasmadas. Ponerse a mendigar cuando llega la factura es de una gran mediocridad. Cuando me vuelvo loco en Nobu, pago, y que yo pague es la parte esencial de la gracia que a todos nos hacen mis locuras, especialmente a mí. Pago los taxis a Disney a mis amigos con resaca y les pago las entradas aunque sólo sea para montar en Les Nines y marcharnos a almorzar a Le Bouclard. «It’s a small world after all».

Es verdad que lo mío es más barato pero todavía es más cierto que la hombría no está en la entrepierna sino en realizar sólo las fantasmadas que uno se pueda pagar. Y todo este proceso no se entiende en su completa mezquindad si no recordamos que cuando Mas lo inició era presidente y estaba acostumbrado a pagarse sus campañas -mucho más caras- comisionando y transaccionando, por así decirlo, aunque cuando se le vio el 3% jurara que no sabía nada: «Tu vieja apura el vino que has mercado/ y nunca ha preguntado/ de dónde sale todo este parné». Ahora que ya no es presidente las antiguas vías de financiación se le han cerrado porque Puigdemont es más tonto pero también más honrado.

Luego está la turba, tan valiente en sus demostraciones, tan heroica tuneando los coches de la Guardia Civil. La turba que tan depositaria se reclama de la dignidad colectiva. «No estáis solos», gritan los amotinados a sus líderes cada vez que se amontonan en las calles, pero tras tantas lecciones de compromiso, de democracia y de libertad, cuando traen la factura todo el mundo se levanta para ir al baño. En la concentración de la Diada, Òmnium y la ANC llamaron a la solidaridad con Mas pidiéndole a cada manifestante que acudiera con cinco euros en efectivo para depositarlos en una hucha como las que sirven para recaudar contra el cáncer. Pocos aportaron, ridículas ganancias. Yo creo que en Nobu he pagado cifras más elevadas.

Héroes sin factura Cataluña ha tenido siempre muchos: y aquí estamos, instalados en el folclore de la culpa ajena, sin riesgo y sin hucha, con muy poca dignidad para tanto orgullo.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

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