LA FARSA LEGITIMISTA

farsax

LA FARSA LEGITIMISTA

Los legitimistas fueron los que reivindicaron la vuelta de los Borbones a Versalles, después de haberlos guillotinado. Los independentistas catalanes exigen la sumisión al huido Puigdemont después de haberle empujado hacia la nada. Curiosamente los monárquicos franceses terminaron acatando como rey a Luis Alfonso de Borbón, bisnieto de Franco. Después de observar el debate de ayer, pienso que a los independentistas no hay que enviarles guardias, fiscales y abogados, hay que mandarles psiquiatras. Dieron un espectáculo grotesco, mirando hacia atrás con ira, alzando la bandera legitimista. Van a crear en Bruselas una corte, un consejo y una asamblea. Reconocieron la legitimidad de Puigdemont, cuya destitución califican de ilegal.

La valerosa Inés Arrimadas, ganadora de las últimas elecciones, denunció la farsa, les dijo que sólo quieren alargar el procés. Acusó a Torrent de ser la versión 2.0 de Forcadell y de burlarse de sus propios votantes. Mientras, los nacionalistas intentaron regatear a las jueces sin abandonar la estrategia del alboroto. Los de la CUP querían repetir la DUI y pudieron esquivarlos. Los partidos que van a gobernar impulsarán un consejo de la república, una triple estructura institucional, el llamado espacio libre de Bruselas.

No incorporaron la segunda declaración de Cataluña como estado independiente en forma de república pero intentan suplantar el Parlament por una poder invisible, virtual, en Bruselas… Aquí se conformarán con un gobierno títere si se lo permite del Tribunal Supremo. El Gobierno va a mantener una actitud vigilante. “Decir, que digan lo que quieran, incluso misa, pero no vamos a permitir que se vuelva a pisotear la legalidad”.

Las ideas, como las especies, nacen, se diversifican, se multiplican y mueren. La evolución es tan cierta como la rotación de la Tierra. Los dinosaurios evolucionaron hasta convertirse en pájaros, pero en política, como volvimos a ver ayer, se vuelve a la involución y los pájaros vuelan para atrás, hasta transformarse en dinosaurios. Engels piensa que fue el trabajo el motor de la evolución humana porque el hombre es el único animal que trabaja y avanza, pero también retrocede hacia los simios.

Ha llegado a decirse que estos soberanistas eran digitales, líquidos, mediáticos, cuando son unos redomados reaccionarios legitimistas que han oído el tambor de su tribu. En su libro La llamada de la tribu, Mario Vargas Llosa califica al nacionalismo catalán como una ideología reaccionaria, tóxica y antidemocrática, que implica racismo. Dice algo obvio, para párvulos: sólo en los países colonizados puede parecer el nacionalismo progresista.

Raúl del Pozo ( El Mundo )