La Historia como queja

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La Historia como queja.

a Historia como arma arrojadiza es para pueblos con problemas. La Historia es una versión de ella misma que cuando no la escriben los vencedores se convierte en terrible nostalgia. Más que adoctrinamiento histórico -todo historicismo es, en cierto modo, una doctrina-, lo que existe en Cataluña es una frustración a veces personal y a veces colectiva que se intenta proyectar a través de una explicación tan particular como cualquier otra de la Historia. El catalanismo recurre al historicismo porque prefiere creer que tiene razón a pagar el precio de la victoria. El soberanismo prefiere exaltarse en su versión de los hechos que en el valor que hace falta para atreverse a romper un Estado como España.

La Historia planteada como queja, o como reproche es, como cualquier otra nostalgia, para perdedores. Las guerras se ganan y no hay nada vergonzoso en construir sobre victorias militares. Es mucho más fértil, y mucho más radiante, una victoria militar que una versión de la Historia. La columna Vendôme está forrada por una chapa colada con el bronce de los cañones confiscados por los franceses al enemigo en la Batalla de Austerlitz. Una estatua de Napoleón la corona, y plaza Vendôme es el resumen de todas las plazas del mundo, y la más alta expresión del poder, entre las grandes joyerías donde el amor se demuestra, el Ritz donde el amor se consuma, y ese guiño tan francés de que al lado del mejor lujo se encuentre el Ministerio de Justicia. Bienaventuradas las naciones que tienen hormonas y misiles.

Si Cataluña quiere imponer su visión de la Historia, que luche y gane. Sólo se tiene razón fundiendo tanques rusos y todo lo demás es retórica de señoritas aficionadas, como la de este independentismo que cada vez que llega la hora de la verdad alarga el plazo, que cuando le pones ante el abismo escurre el bulto, y que se inventa cualquier excusa con tal de no dar la cara por aquello por lo que se supone que se desvive.

El problema del catalanismo, con su absurda vitola de rey de lo suyo, no es de adoctrinamiento sino de cobardía. Calzoncillos manchados de la Historia, ninguna voluntad de victoria. Sólo el narcisismo de sentirse los más listos en su estéril filigrana a beneficio de inventario. Por eso en Cataluña tiene tanto éxito un partido como Ciudadanos: la misma carraca presumida, aunque de signo contrario. Y también por ello, siempre gana España.

Salvador Sostres ( ABC )

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